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Windows recuerda mucho más de lo que crees: así es la ID ‘fantasma’ que guarda de cada dispositivo USB que conectas al PC

El sistema operativo Windows alberga una función no muy conocida por sus usuarios que permite reconstruir qué dispositivos USB han tenido acceso a un equipo.

dispositivo usb pendrive
Rubén Martínez
Redactor en Meristation
Redactor de Meristation. Comenzó como colaborador en la sección de vídeo en 2015, y desde 2017 es redactor de la sección de guías y trucos. Desde 2018 cubre Fortnite en su totalidad y continúa elaborando guías, temas de actualidad, análisis, reportajes y todo tipo de contenido sobre videojuegos.
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Aunque muchos no lo sepan, el sistema operativo Windows de Microsoft guarda la información de cualquier dispositivo USB conectado al equipo incluso varios años después de su último uso. Este rastro no desaparece sin más ni al retirar el dispositivo ni borrando archivos, ya que forma parte de cómo el sistema gestiona el hardware. Se trata de una huella o ID “fantasma” poco conocida, pero con implicaciones reales en ámbitos como la privacidad, la seguridad y los equipos compartidos.

¿Cómo puede Windows ‘recordar’ todos los dispositivos que conectamos al equipo?

Cada vez que conectamos un dispositivo USB a un equipo con Windows, el sistema operativo crea y conserva entradas en el Registro —el nivel más bajo y básico de la memoria interna— bajo las claves USB o USBSTOR, con identificadores únicos, nombres e información del hardware. Mientras que no se copian ni se clonan los datos del dispositivo de almacenamiento externo, la información identificativa sí que permanece almacenada incluso después de retirar el USB.

Windows recuerda mucho más de lo que crees: así es la ID ‘fantasma’ que guarda de cada dispositivo USB que conectas al PC

Supongamos que conectamos un antiguo reproductor MP3 al ordenador para meterle música. El simple hecho de conectarlo ya deja un rastro tangible en el registro del sistema y, aunque mediante técnicas forenses no es posible determinar qué archivos concretos se transfirieron al dispositivo, sí que se puede revelar su modelo, fabricante y otros identificadores únicos. Para la mayoría de usuarios, esta huella invisible no tiene importancia alguna, pero cobra una relevancia clara en contextos como informes periciales o determinadas investigaciones policiales.

¿Para qué sirve la información que Windows guarda de los dispositivos USB?

La información que Windows alberga sobre los dispositivos USB cumple principalmente una función práctica dentro del sistema operativo. Al conservar estos identificadores únicos y otros datos básicos del hardware, Windows puede reconocer un dispositivo cuando vuelve a conectarse para reutilizar controladores ya instalados, mantener configuraciones previas y evitar instalaciones que serían redundantes. Este comportamiento permite un correcto funcionamiento de un USB, disco externo o periférico cada vez que se conecta al equipo incluso tras largos períodos sin hacerlo.

Windows recuerda mucho más de lo que crees: así es la ID ‘fantasma’ que guarda de cada dispositivo USB que conectas al PC

Además, este registro persistente facilita tareas de administración del sistema, diagnóstico y compatibilidad, especialmente en entornos profesionales o corporativos. La información almacenada permite identificar dispositivos que han pasado por un equipo concreto, detectar conflictos de drivers o verificar el uso de hardware externo en sistemas compartidos. Aunque estos datos no incluyen el contenido de los archivos almacenados en los dispositivos, su uso es habitual en ámbitos como el soporte técnico o el análisis forense digital, ya que se ayuda a reconstruir el historial de conexión de hardware sin necesidad de que el dispositivo esté físicamente presente.

En última instancia, no es una función oculta ni un sistema de vigilancia encubierto, sino una decisión técnica de diseño que permite a Windows gestionar mejor el hardware que pasa por un equipo. Sin embargo, el hecho de que estos registros persistan durante años demuestra que el sistema “recuerda” mucho más de lo que muchos usuarios imaginan, incluso cuando creen haber borrado todo rastro de su actividad. Conocer la existencia de esta ID “fantasma” no debería generar alarma; en su lugar debería hacernos reflexionar sobre cómo funciona realmente este sistema operativo, especialmente en equipos compartidos u otros contextos donde la privacidad y el control del hardware externo son esenciales.

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