Un concursante gana ‘¿Quién quiere ser millonario?’ haciendo trampa, le pillan y tiene que ir a la cárcel
Alcanza el premio máximo con un engaño, es descubierto tras la emisión y su triunfo televisivo acaba en condena judicial y ruina personal.

Ser millonario era el objetivo. El resultado fue muy distinto: condenas judiciales, multas superiores a los 200.000 dólares, pérdida de empleo y una quiebra personal que todavía pesa más de dos décadas después. El caso de Charles Ingram se ha convertido en uno de los episodios más oscuros en la historia de ¿Quién quiere ser millonario?.
El protagonista tenía 61 años cuando terminó declarándose en bancarrota en 2023. Mucho antes, en septiembre de 2001, había vivido el momento más alto de su vida al ganar el premio máximo del concurso en su versión británica. Lo hizo tras responder correctamente a las 15 preguntas del programa, un logro que fue celebrado como histórico en el Reino Unido.
Sin embargo, aquella victoria nunca llegó a consolidarse. El comportamiento del concursante durante la grabación levantó sospechas casi de inmediato. Sus pausas prolongadas, la repetición constante de las opciones y una inseguridad evidente llamaron la atención del equipo del programa. Días después de la emisión, el productor Paul Smith comunicó a Ingram que se investigaban posibles irregularidades.

La revisión detallada del programa destapó el método utilizado. Cada vez que Charles Ingram dudaba, leía en voz alta todas las respuestas y al mencionar la correcta, se escuchaba una tos desde el público. No era casualidad: se contabilizaron 192 toses que coincidían con los momentos clave del concurso. Las personas responsables fueron su esposa, Diana Ingram, y Tecwen Whittock, otro aspirante a concursante.
El fraude acabó en los tribunales. En abril de 2003, los tres fueron declarados culpables de estafa. Charles y Diana Ingram recibieron condenas de 18 meses de prisión suspendida y fuertes sanciones económicas, mientras que Whittock fue condenado a 12 meses de prisión suspendida y a una multa adicional. Ninguno volvió a recuperar su situación laboral anterior y todos quedaron marcados públicamente.
A partir de entonces, la vida de los Ingram entró en una espiral de dificultades. Desaparecieron del foco mediático y su situación económica se fue deteriorando con el paso de los años. Finalmente, Charles Ingram terminó arruinado, cerrando así una historia que comenzó con un millón en juego y acabó en la quiebra.
El caso permanece como un ejemplo de cómo uno de los programas más emblemáticos de la televisión mundial vivió su mayor escándalo y de cómo intentar ganar haciendo trampa puede tener consecuencias irreversibles.

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