Tesla “liquida” Autopilot entre problemas judiciales y un cambio de foco al robotaxi y las suscripciones
El sistema básico deja de venir incluido en nuevos Model 3 y Model Y en EE UU y Canadá, mientras la compañía blinda su estrategia de suscripciones.


Tesla ha hecho algo que, por lo simbólico, suena casi a cambio de era. Autopilot, la etiqueta que durante una década funcionó como promesa, gancho comercial y también como problema, deja de existir como paquete “de serie” en los nuevos coches que la marca vende en Estados Unidos y Canadá. En su lugar, queda un Tesla más desnudo de lo que muchos compradores asumían, y al mismo tiempo más alineado con el giro estratégico que la empresa viene defendiendo: menos fabricante de eléctricos, más compañía de software, IA y robótica.

Un nombre demasiado grande para un sistema que no podía sostenerlo
Autopilot nació en 2014 como un sistema avanzado de asistencia a la conducción y, con el tiempo, se convirtió en un paraguas para funciones concretas como el control de crucero adaptativo y el centrado en el carril (Autosteer). Ahora, lo que Tesla mantiene como estándar es el control de crucero adaptativo (Traffic-Aware Cruise Control). Para recuperar el “volante inteligente” que corrige la trayectoria y otros comportamientos más ambiciosos, el cliente tiene que pasar por Full Self-Driving (Supervised), el paquete de suscripción mensual.
La cifra oficial es de 99 dólares al mes. Y el cambio no llega aislado: Tesla también ha comunicado que dejará de ofrecer la compra única de FSD por 8.000 dólare a partir del 14 de febrero de 2026, empujando a los usuarios hacia un modelo recurrente, más previsible en cuanto a beneficios y más rentable en términos contables.

California aprieta y Austin sirve de escaparate
El movimiento, además, aterriza en una semana especialmente cargada para Tesla por su frente regulatorio en California. El Departamento de Vehículos Motorizados (DMV) del estado concluyó en diciembre de 2025 que el uso de “autopilot” (y determinadas formulaciones asociadas a la conducción autónoma) podía resultar engañoso y violar la ley estatal. La sanción que sobrevuela es clara: si la compañía no corrige ese lenguaje, su licencia de venta en California podría enfrentarse a una suspensión de 30 días una vez agotado el plazo concedido.
En paralelo, Tesla intenta demostrar músculo tecnológico con su servicio de robotaxi en Austin, donde ha comenzado a ofrecer trayectos con vehículos sin personal humano de seguridad dentro del coche, aunque el despliegue siga siendo limitado y, según se ha informado, monitorizado mediante vehículos de apoyo. La escena, leída en conjunto, parece calculada: mientras una palabra se borra para rebajar fricción legal, otra (Full Self-Driving) se eleva como producto central, con el robotaxi como relato aspiracional y la suscripción como caja registradora.
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