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Satya Nadella, CEO de Microsoft, avisa: " Si no hacemos cosas útiles con la IA, nos quitarán el permiso para usar la energía que consume"

El CEO de Microsoft liga el futuro de la inteligencia artificial a su impacto medible, en pleno debate por el coste eléctrico de los centros de datos.

Microsoft CEO Satya Nadella attends the 56th annual World Economic Forum (WEF) meeting in Davos, Switzerland, January 20, 2026. REUTERS/Denis Balibouse
Denis Balibouse
Francisco Alberto Serrano Acosta
Coordinador de Redacción
Apasionado de los videojuegos desde que tiene uso de razón, Francisco Alberto ha dedicado su vida a escribir y hablar de ellos. Redactor en MeriStation desde el 2000 y actual coordinador de redacción, sigue empeñado en celebrar el videojuego de ayer y de hoy en todas sus ilimitadas formas de manifestarse.
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Satya Nadella, CEO de Microsoft, ha verbalizado una idea que sobrevuela la industria desde hace meses: si la inteligencia artificial no se traduce en resultados útiles, medibles y ampliamente percibidos, la sociedad (y, por extensión, los reguladores) terminará cuestionando que se destine a ella una porción tan grande de un recurso escaso como la energía. Su frase, en esencia, dibuja una línea roja: sin “superávit” social y económico, el consumo eléctrico de la IA deja de ser defendible.

La advertencia no llega en el vacío. El despliegue acelerado de centros de datos, el apetito insaciable por computación y el crecimiento de servicios basados en modelos generativos han tensionado la conversación pública: ya no se discute sólo qué puede hacer la IA, sino qué cuesta sostenerla, quién paga su factura indirecta y qué beneficios retorna a comunidades que no siempre ven el valor de forma inmediata. Y en esa ecuación, Nadella sitúa el concepto de “permiso social” como algo que puede ganarse o perderse con rapidez.

Satya Nadella, CEO de Microsoft, avisa: " Si no hacemos cosas útiles con la IA, nos quitarán el permiso para usar la energía que consume"
Microsoft CEO Satya Nadella and Chairman and CEO of BlackRock Larry Fink attend the 56th annual World Economic Forum (WEF) meeting in Davos, Switzerland, January 20, 2026. REUTERS/Denis BalibouseDenis Balibouse

Energía, infraestructura y la prueba del impacto

El trasfondo es doble. Por un lado, está el cuello de botella físico: la energía disponible y la velocidad con la que se puede levantar infraestructura eléctrica y de centros de datos. Por otro, la batalla por la legitimidad: si la IA se percibe solo como una máquina de generar, ruido o automatización sin beneficio neto, el margen político se estrecha. En su planteamiento, la salida es pragmática: orientar la tecnología hacia mejoras verificables en ámbitos como salud, educación, eficiencia del sector público y competitividad empresarial, desde grandes organizaciones hasta pymes.

Nadella también ha insistido en que el debate sobre una posible burbuja de la IA depende, precisamente, de esa adopción amplia: la inversión se sostiene si hay productividad real, y se vuelve frágil si el valor queda encapsulado en unos pocos actores y geografías. En otras palabras, el futuro de la IA no se jugaría sólo en la potencia de los modelos, sino en la distribución de sus beneficios y en la percepción pública de que ese consumo energético está justificadamente “comprado” con resultados.

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