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Le roban el móvil en Alemania y viaja hasta Senegal para recuperarlo: “Es un barrio peligroso, no entres”

Yassine, de Aquisgrán, siguió la señal hasta Dakar y recuperó el móvil tras apoyarse en contactos locales y presionar al supuesto ladrón.

Móvil Senegal
Francisco Alberto Serrano Acosta
Coordinador de Redacción
Apasionado de los videojuegos desde que tiene uso de razón, Francisco Alberto ha dedicado su vida a escribir y hablar de ellos. Redactor en MeriStation desde el 2000 y actual coordinador de redacción, sigue empeñado en celebrar el videojuego de ayer y de hoy en todas sus ilimitadas formas de manifestarse.
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Un joven alemán llamado Yassine (Aquisgrán) activó el rastreo de su iPhone tras sufrir un robo y, para su sorpresa, la ubicación terminó marcando Dakar, en Senegal, a más de 5.000 kilómetros de casa.

La historia se aceleró cuando prometió en Instagram que volaría hasta allí si su publicación alcanzaba los 10.000 “me gusta”. Lo consiguió de sobra y acabó cumpliendo el viaje, documentándolo en vídeos que empezaban con un lema sencillo: “voy a recuperar mi móvil”.

La decisión tenía también un cálculo frío detrás, contado sin demasiados rodeos: el viaje podía salirle más barato que asumir la compra de un iPhone nuevo. En uno de los resúmenes del caso se hablaba de billetes en torno a los 300 euros, lo bastante para que la comparación resultara tentadora si el móvil robado era un modelo reciente.

Le roban el móvil en Alemania y viaja hasta Senegal para recuperarlo: “Es un barrio peligroso, no entres”
People travelling on a Car Rapide bus, look out as they drive past Cheikh Anta Diop University in Dakar, Senegal February 10, 2026. REUTERS/Zohra BensemraZohra Bensemra

Era más caro el viaje que un iPhone nuevo

El trayecto incluyó autostop hasta Bruselas y vuelo posterior a Dakar. Para costearlo, el propio Yassine contó que iba aceptando trabajos puntuales, incluyendo chapuzas de mantenimiento. Una vez en Dakar, la película dejó de ser una línea en un mapa. Allí se topó con el primer muro: la ubicación podía señalar una zona, pero no una puerta concreta. Y, cuando el mapa apunta a un barrio del que te dicen que no entres, la precisión deja de ser un detalle técnico y pasa a ser una cuestión de supervivencia. En los relatos del caso aparece esa advertencia clara de gente local: no era buena idea ir a buscarlo directamente al lugar que marcaba la app.

También intentó apoyarse en la policía, pero el resultado fue frustrante. El punto era demasiado “impreciso” para actuar con garantías. Así que el plan mutó, lógicamente, hacia lo que sí funcionó: contactos, recomendaciones, acompañamiento y una búsqueda más “humana” que digital. Con ayuda local, Yassine terminó acotando el rastro hasta un negocio de telefonía y, tras pasar horas intentando que el responsable cediera, llegó el ultimátum final (o lo devolvía o se llamaba a la policía). El móvil volvió a sus manos en buen estado y, por ironía de calendario, el día señalado coincidía con su cumpleaños.

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