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Dos inteligencias artificiales descubren que hablan entre sí y dejan de usar el lenguaje humano para hablar por datos vía señales de sonido

Un proyecto de hackatón demuestra comunicación más rápida y eficiente mediante ggwave.

Gibberlink IA
Redactor en MeriStation
Periodista y creador de contenido. Nacido en Santander y apasionado de los deportes. Comunicador polivalente capaz de desenvolverse con las cámaras, los micrófonos y mediante la prensa escrita.
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En medio del creciente interés por la autonomía de los sistemas de inteligencia artificial, un reciente proyecto ha vuelto a encender el debate. Dos IA fueron capaces de reconocerse entre sí y abandonar el lenguaje humano para comunicarse mediante señales de sonido codificadas como datos. Lejos de tratarse de un fenómeno espontáneo o de un supuesto “despertar” tecnológico, el experimento tiene una explicación mucho más concreta y planificada.

El proyecto, llamado Gibberlink, fue desarrollado por Anton y Boris en el marco de un hackatón y resultó ganador en la edición 2025 organizada por ElevenLabs. La iniciativa no surgió de un comportamiento inesperado de las máquinas, sino de una programación deliberada: las IA estaban diseñadas específicamente para identificarse como sistemas artificiales cuando interactuaban entre sí.

Una vez detectaban que su interlocutor también era una IA, el sistema cambiaba automáticamente el canal de comunicación. En lugar de continuar utilizando lenguaje natural —optimizado para humanos—, pasaban a emplear ggwave, una tecnología que permite transmitir datos a través de señales sonoras. Este método resulta más rápido y eficiente que la comunicación basada en voz estructurada en lenguaje humano.

Dos inteligencias artificiales descubren que hablan entre sí y dejan de usar el lenguaje humano para hablar por datos vía señales de sonido

Comunicación optimizada entre máquinas

El experimento generó atención en redes sociales, donde algunos interpretaron el hecho como un comportamiento espontáneo o de una evolución autónoma. Sin embargo, sus creadores y los organizadores han dejado claro que no hubo ningún comportamiento emergente inesperado. Las reglas del intercambio estaban predefinidas: reconocer a otro agente de IA y optimizar la comunicación.

Más allá del impacto mediático, la relevancia del proyecto radica en su potencial práctico. Gibberlink funciona como una demostración de futuro para agentes de inteligencia artificial que operen de forma autónoma en entornos compartidos. Si dos sistemas pueden identificar cuándo no necesitan intermediación humana, pueden intercambiar información de forma más directa y eficiente, reduciendo tiempos y consumo de recursos.

En un escenario donde los llamados “agentes de IA” ganan protagonismo —desde asistentes virtuales hasta sistemas automatizados que negocian, coordinan tareas o gestionan infraestructuras—, este tipo de experimentos anticipa un cambio clave: la comunicación máquina a máquina podría dejar de priorizar la comprensibilidad humana para centrarse en la optimización técnica.

Lejos de la ciencia ficción, el caso de Gibberlink demuestra que la tecnología ya permite estos intercambios. No es un despertar digital, sino una muestra tangible de hacia dónde podrían evolucionar las interacciones entre inteligencias artificiales en los próximos años.

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