Tecnología

Bill Gates, creador de Windows: “Sé amable con el empollón, seguramente acabarás trabajando para uno”

La cita que se le atribuye sirve para seguir la trayectoria de Gates y entender cómo el “nerd” pasó de burla escolar a poder cultural.

Bill Gates
Francisco Alberto Serrano Acosta
Coordinador de Redacción
Apasionado de los videojuegos desde que tiene uso de razón, Francisco Alberto ha dedicado su vida a escribir y hablar de ellos. Redactor en MeriStation desde el 2000 y actual coordinador de redacción, sigue empeñado en celebrar el videojuego de ayer y de hoy en todas sus ilimitadas formas de manifestarse.
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En el instituto, el poder se mide con reglas pequeñas. Quién encaja, quién improvisa, quién se ríe antes. El empollón es, casi siempre, una anomalía útil para los demás, porque permite señalar al que se sale del guion. De ahí que la frase atribuida a Bill Gates (con ciertas dudas de si la dijo o no, pero ya firmemente implantada en el imaginario colectivo ) funcione como advertencia moral y como chiste tardío. Trátalo bien, que un día mandarás correos en su empresa.

La biografía de Gates no es exactamente un cuento de venganza, pero sí una lección sobre infraestructura. En los años sesenta y setenta, los ordenadores aún eran habitaciones, y sin embargo él crece con un privilegio extraño. En Seattle, su escuela dispone de un terminal teletipo conectado por tiempo compartido a un gran sistema remoto. Un adolescente descubre que teclear instrucciones produce efectos reales. Programar se vuelve, lentamente, una forma de atención. Se entrena el cerebro para iterar, fallar, corregir, insistir.

Esa obsesión pronto se mezcla con una intuición de negocio. Antes de Microsoft está Traf-O-Data, un experimento juvenil para procesar datos de tráfico con un microprocesador. No fue un triunfo rotundo, pero dejó una idea que a Gates le acompañará siempre. Lo importante no es sólo entender sistemas, sino empaquetarlos para que otros los usen sin ver la complejidad. Es, en esencia, convertir el conocimiento de uno en costumbre para los demás.

Bill Gates, creador de Windows: “Sé amable con el empollón, seguramente acabarás trabajando para uno”
LEON NEAL

El salto definitivo llega cuando aparece el Altair 8800 y la computación personal deja de ser promesa abstracta. Gates y Paul Allen apuestan por el lenguaje como puerta de entrada. El BASIC que desarrollan es una llave. Y cuando una llave abre una puerta nueva, también decide quién entra primero y en qué condiciones.

Windows y la pedagogía del estándar

A comienzos de los ochenta, Microsoft consigue situarse en el lugar más valioso de la cadena. La alianza que coloca MS-DOS en el IBM PC convierte el “suelo” del PC en un producto replicable, y el mercado de compatibles hace el resto. Cambian las carcasas, cambian los logos, pero la base se mantiene. En tecnología, quien define la base define la normalidad.

Windows nace como una domesticación progresiva de ese dominio. Primero fue una interfaz gráfica sobre MS-DOS. Más tarde, con los años, se transformó en el salón principal del ordenador personal, ese escritorio donde se trabaja, se juega, se escribe, se crea. La idea de “ventanas” no es sólo una solución de interfaz, es una metáfora práctica. La vida digital cabe en rectángulos que se abren y se cierran, y esa gramática se aprende casi sin darse cuenta.

Bill Gates, creador de Windows: “Sé amable con el empollón, seguramente acabarás trabajando para uno”

En ese punto, la frase del empollón se hace cada vez más ominosa. No es sólo “acabarás trabajando para uno”, sino “acabarás viviendo dentro del marco que diseñó”. Ser amable con el nerd, en realidad, es reconocer que el poder moderno se ejerce a través de estándares, compatibilidades y hábitos cotidianos.

El nerd como personaje de una época

También ha cambiado la palabra. “Empollón” en castellano arrastra aula y burla cotidiana. La expresión inglesa “nerd”, en su contexto actual, incorpora devoción por lo específico, orgullo por entender, placer en el detalle. La cultura digital ha vuelto aspiracional esa identidad, y no precisamente por romanticismo, sino por utilidad. En un mundo gobernado por software, el conocimiento técnico compra tiempo, oportunidades y, a veces, poder.

Se pasó de reírse del que sabía a depender, diariamente, de lo que ese que sabía diseñó. Y esa es, quizá, la paradoja más nítida de la era Windows. La tecnología no sólo nos da herramientas. Nos enseña quién manda cuando las herramientas se vuelven imprescindibles. Con el tiempo, la figura cambia de escenario. Gates deja el día a día de Microsoft y concentra energía en la filantropía y en grandes problemas globales. El método, sin embargo, permanece reconocible. Medir, probar, iterar, optimizar. La mentalidad de sistema aplicada a la salud, la educación o el clima. El empollón sigue ahí, sólo que el tablero es más grande.

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