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VILLARREAL 0 - REAL SOCIEDAD 0

El Villarreal no remata la faena y la Real lava su imagen

Partido insulso con un empate que deja al Submarino aún con los deberes por hacer y que da alas al Celta. Asenjo salvó a su equipo y Bruno remató al larguero.

LALIGA

Villarreal y Real saben bien qué es lo que pasó. Por qué perpetraron un partido repleto de fallos y escaso de ocasiones. Es difícil morder, explicaría el Submarino, cuando tus rivales por la Champions fallan y el objetivo se acerca a veces sin sumar. Lleva un punto de los últimos nueve y ahí sigue en las alturas. Es complicado mantener la tensión, añado yo, cuando quien espera el jueves es el Liverpool en unas semifinales. Y es casi imposible remangarse, diría el equipo de Eusebio, estando en zona de nadie. Sin la ilusión de un premio gordo y sin el peligro del descenso. El empate, insulso y aburrido, fue la consecuencia de dos estados de ánimo y de una lección a veces olvidada: cuando no puedes ni sabes ganar, lo más positivo es no perder.

El Villarreal no estuvo nada cómodo en el primer tiempo. La Real le hizo dudar con la polivalencia de Diego Reyes en medio campo, que tan pronto se metía entre los centrales para iniciar el ataque como hacía de escudero de los mediocentros en defensa. En el primer cuarto de hora el balón fue para Illarramendi, más grande de lo que algunos recuerdan. Ahí, gracias a ese dominio, Elustondo pudo adelantar de cabeza a su equipo en un córner. El Submarino, con un ritmo lento e inconscientemente pensando en no dañarse físicamente para Europa, niveló el encuentro subiendo unos metros más la línea de presión. Siempre le faltó fluidez en la salida, pero dos ocasiones consecutivas aisladas le dieron de repente otra energía. La primera la tuvo Soldado y la paró Rulli tras un gran pase de Bakambu, el jugador amarillo más en forma. La segunda fue de Bruno con una falta desde la frontal. El lanzamiento por encima de la barrera no era fácil, ya que no había metros suficientes para que el balón evitara la muralla y bajara rápido en busca del gol. Su toque, maravilloso por la colocación y la fuerza, lo repelió el larguero.

La intensidad siguió siendo la misma en la segunda mitad: baja tirando a nula. La Real respondió a su rival con la misma estrategia de presión alta y así recuperó el dominio por momentos. Bergara avisó primero con un zurdazo y Vela pudo deshacer el empate al aprovechar uno de esos fallos que Bailly, perfecto al corte, sufre por desconexiones injustificadas. El mexicano intentó picarle el balón a Asenjo en el mano a mano, desconociendo que el portero es un gato. El Villarreal seguía sin encontrarse. Porque sus mediocentros no tenían enlaces rumbo al área rival, porque Denis es más feliz en la izquierda y porque sin Jaume Costa y con Mario haciendo más tarde de central se pierde mucha o casi toda la profundidad. Sólo Bakambu pudo echar abajo las tablas. La Real seguía cómoda. Sin la necesidad de ir a por el partido con la salvación ya lograda. Y sin el agobio que supone tener que remontar. Lavar su imagen era el plan tras caer ante Eibar y Getafe, y el objetivo se cumplió. Otra cosa es el Villarreal y su sueño de la Champions. Tendrá que seguir remando. El Celta puede ponerse este lunes a cuatro puntos con nueve por disputarse. Nadie dijo que fuera a ser fácil.