Quien diga que la historia no se repite, lleva dos inviernos sin mirar hacia Groenlandia. El inicio de 2026 está marcado por la captura de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos, pero Washington insiste en señalar, como ya hizo a estas alturas en 2025, su intención de anexionarse Groenlandia. Comprándola o tomándola, EEUU ya ha dejado claro su deseo. Otro mes de enero que Donald Trump pide Groenlandia para Reyes. Otro mes de enero que la isla más grande del mundo ocupa el centro de la geopolítica.
Groenlandia no es un país completamente soberano. Es una nación constituyente de Dinamarca, quien envía anualmente unos 600 millones de euros, lo que supone casi la mitad del presupuesto groenlandés. También es un país crucial en el Ártico: supondría para Estados Unidos un acceso clave a las rutas comerciales que se están abriendo a causa del deshielo. Lo advirtió el explorador Ramón Larramendi en AS: “El centro de gravedad de la geopolítica se está desplazando al Ártico”.
¿Puede interesarle a Groenlandia la intervención de Estados Unidos? “Da miedo, especialmente cuando Trump habla de intervenir militarmente. Sin embargo, algunos se sienten halagados porque Estados Unidos nos quiere. Nos ayudaría a ser reconocidos, a que nos sitúen en un nivel más alto, y no nos vean como algo inferior”, explicaba hace un año a este periódico Aka Simonsen historiadora y arqueóloga groenlandesa.
El fenómeno social de la isla juega a favor de Trump: en Groenlandia hay un descontento generalizado con Dinamarca. Ven a Copenhague como un estado que, a pesar de mandarle una ayuda enorme, no les reconoce como iguales. Al menos socialmente. “En el colegio tenemos profesores daneses que nos enseñan historia de Dinamarca y muy poca sobre Groenlandia, vienen aquí en calidad de salvadores y ven nuestra cultura como algo malo”, indica Simonsen.
La historia explica este descontento. Especialmente el caso de la veintena de niños inuit —el pueblo indígena de Groenlandia— que fueron separados de sus familias y llevados a Copenhague. El plan era enseñarles danés y formar una élite que gobernase y modernizase Groenlandia. Con el tiempo, los niños olvidaron su lengua materna, los internaron en orfanatos y muchos de ellos acabaron alcoholizados o pidiendo limosna en la capital de Groenlandia.
Pero hay más. Según la televisión pública groenlandesa, unas 4.500 mujeres inuit fueron forzadas a someterse a procesos anticonceptivos. Sin dar su consentimiento, Dinamarca les implantó dispositivos intrauterinos para frenar el crecimiento demográfico y ahorrarse cada vez más dinero que debían mandar a Groenlandia.
Las elecciones de marzo de 2025 evidenciaron el descontento: cinco de los seis partidos que se presentaron quieren la independencia. Las diferencias tan solo residen en cómo hacerlo. El presidente groenlandés, Jens Frederik Nielsen, aseguró hace unos días que la anexión “no es una situación” a contemplar, pero sí que busca "restaurar la buena colaboración” que tuvieron con Washington. Según una encuesta de Verian publicada en 2025, el 56% de los groenlandeses quiere la independencia, pero el 85% no quiere unirse a Estados Unidos.
FOTOS: Sean Gallup, Vittoriano Rastelli y Mario Tama/Getty ImagesA Estados Unidos se le ha juntado este mes de enero la toma de Venezuela con el interés en Groenlandia. Muchos buscan paralelismos, pero no los hay. Caracas era y es un territorio ideológicamente muy alejado de Washington. Enemigo. Dinamarca, en cambio, es un aliado. "Nuestro país no es el adecuado para comparar con Venezuela. Somos un país democrático desde hace muchos años", insistió Nielsen. La captura de Maduro se fundamentó en el restablecimiento de la democracia. En Groenlandia hay estabilidad. Sin embargo, la amenaza estadounidense existe y no tiene precedentes, pues nunca un país de la OTAN ha atacado a otro país miembro (EEUU y Dinamarca pertenecen a la Alianza).
En una reciente entrevista con The New York Times, Trump ha explicado que su intención de hacerse con la isla más grande del mundo es mucho más seria que hace un año. Dijo que no estaría contento con nada que no sea obtener la “propiedad” de Groenlandia, que no se sentía limitado por ninguna norma. “No necesito el derecho internacional”, añadió. “No busco hacer daño a la gente”. Al ser preguntado por cuál es el límite en el uso de fuerza militar en el exterior, Trump aseguró que sí existe un límite: “Mi propia moralidad. Mi propia mente. Es lo único que puede detenerme”.
“Considero la propiedad de Groenlandia psicológicamente necesaria para el éxito. Creo que poseer un territorio te da algo que no puedes conseguir con un arrendamiento o un tratado. La propiedad te da cosas y elementos que no puedes conseguir con la simple firma de un documento”, señaló el presidente estadounidense.
¿Por qué Estados Unidos está interesado en Groenlandia? Dos factores: el primero, la ruta ártica, por donde transcurrirá cada vez más y más comercio debido al derretimiento de la banquisa, la placa de hielo que flota sobre el mar más boreal del mundo. También pueden sucederse ataques en el Ártico, un lugar en el que confluyen países como Rusia, Estados Unidos, Canadá o Noruega. “Dinamarca no es lo suficientemente fuerte. EEUU es parte de la OTAN, como Dinamarca, y podría ser más seguro más para nosotros”. “Si Rusia quiere atacar, puede hacerlo por el Ártico. Por eso Trump también quiere Canadá, además de Groenlandia. Cualquier ataque puede ir a través del Ártico, el punto débil de América”.
El segundo también está relacionado con el deshielo, porque Groenlandia es rica en minerales y tierras raras, enterrados bajo el hielo. “Es difícil para nosotros extraerlos debido a la poca infraestructura y al hielo, pero ahora que se está derritiendo, las posibilidades de sacarlos aumentan”, señala Simonsen.
En definitiva, en Groenlandia se acumulan varios fenómenos que le hacen protagonista de la actualidad. En primer lugar, su histórica dependencia y descontento con Dinamarca. Los Groenlandeses quieren ser independientes, pero de momento necesitan la ayuda danesa para sostener su sistema social. Es, también, un país clave para las rutas árticas y para la defensa occidental en el norte ante un potencial ataque. Y, quizás sea esta la cuestión más jugosa, sus materiales valiosísimos aun sin explotar. “Como Dinamarca no nos trata bien, hay gente que asegura querer ser parte de Estados Unidos, pero no entienden lo arriesgado que es eso”, concluye Simonsen.
VÍDEO: Getty Images