Los expertos coinciden: esto es lo que le ocurre a tu cerebro si pospones la alarma cada mañana
Ese gesto automático de “cinco minutos más” no es tan inocente como parece.

Cuando nos suena la alarma parece que tenemos automatizado el gesto de darle a posponer. Este acto es rutinario, pero, hay más que pereza detrás de esos minutos de más. Expertos en sueño y psicología avisan de que este hábito puede llegar a alterar a tu cuerpo y tu cerebro desde la primera hora del día.
Lo esencial está en comprender por qué nos cuesta tanto levantarnos de la cama. El cronotipo, que es nuestro ritmo biológico, se encarga de decidir cuándo nuestro cuerpo quiere dormir o despertar. Es por eso, que, para muchas personas, levantarse pronto supone ir en contra de su naturaleza, convirtiendo a la alarma en un auténtico golpe.
Es en este contexto en el que posponer el despertador parece una solución rápida. De hecho, entre el 50% y 70% de las personas lo hacen cada día. Esos minutos extra suelen ser sueño artificial, y facilita que el despertar sea menos brusco, pero, no es descanso real, sino una transición engañosa que puede aliviar esa sensación de aturdimiento que se tiene al levantar de la cama.
El impacto real ocurre en el cerebro. Cuando pulsas posponer, se activa un circuito de recompensa: el sistema límbico libera dopamina, que provoca una sensación inmediata de placer y elimina el estrés que produce el sonido de la alarma. El resultado es que tu cerebro aprende que aplazar equivale a sentirse mejor.
Un hábito que se instala sin que lo notes
Según va pasando el tiempo, ese mecanismo se automatiza y se vuelve rutina. Tu cerebro interioriza que el hecho de aplazar la alarma es la opción más gratificante, y refuerza conductas de procrastinación desde los primeros momentos de la jornada.
Donde se notan las consecuencias es en el plano psicológico. Empezar cada día posponiendo la primera tarea que tienes que hacer, provoca que se envíe el siguiente mensaje: “no puedo”. Esto, con el tiempo se puede traducir en una ansiedad matutina, en nerviosismo e incluso en una situación de caos en tu rutina.
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Muchos expertos dicen que este hábito suele estar unido a un problema raíz: dormir menos de lo necesario. Si se retrasa la hora de irse a la cama y se recortan las horas de sueño, provoca un círculo vicioso en el que cada mañana se convierte en una pelea con el despertador.
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