Dan Buettner, experto en longevidad: “Una buena conexión con el entorno mejora notablemente la esperanza de vida”
El especialista ha revelado la importancia de la filosofía de vida y cómo la actitud de las personas puede afectar al buen envejecimiento.


Hay tantos factores que intervienen en la longevidad que bucear en los detalles de todos ellos suponen el estudio y obra de toda una vida. Es el caso de Dan Buettner. El experto en longevidad, reconocido mundialmente como uno de los más prestigiosos especialistas en envejecimiento, lleva más de dos décadas estudiando el fenómeno de las zonas azules: lugares del planeta donde la población es especialmente longeva y tiende a vivir más.
Las investigaciones que Buettner realiza se sumergen en las costumbres de todos aquellos que habitan en dichas zonas. Y, más allá de hábitos alimenticios y de la cantidad de ejercicio físico que practique, el experto ha confesado que la propia filosofía de vida tiene un peso gigante en la salud. “La longevidad no se trata de los años que vivimos, sino de la vida que hay en esos años”, resume, insistiendo en que “esto es un aspecto sumamente importante que podemos apreciar en las zonas azules”.
La importancia de estar conectado con el entorno
Es una cuestión, en esencia, de conexión con aquello que rodea a uno mismo. “La mayoría de las estrategias o biohacks que nos venden, como el intercambio de plasma, los medicamentos antagonistas del receptor GLP-1 o los tratamientos con células madre, pueden funcionar y hacer que vivamos más años, pero no son placenteros, no hacen que nuestra vida sea mejor”, critica, a lo que añade que, en datos, “en las zonas azules, sus habitantes viven de media diez años más porque están muy conectados a su entorno”.
Según explica, en lugares como Cerdeña (Italia), Loma Linda (California, Estados Unidos), Okinawa (Japón), Icaria (Grecia) o la península de Nicoya (Costa Rica), las personas “cultivan sus propios alimentos y sus creencias, cenan en familia, visitan a sus vecinos para tener una agradable conversación o van a una celebración o una fiesta y se toman un par de copas de vino”. “Su viaje hacia los cien años es feliz y alegre”, remarca.
Y si la vida termina, nadie les quitará lo bailado. “E incluso si no les sale bien incluso si les atropella un autobús a los 70 años, esa vida, ese viaje, ha sido agradable”, reflexiona, sentenciando que esto capta la atención de todos aquellos que no viven así. Se trata, en suma, de cuidarse a sí mismo desde la felicidad.
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