Salud

Cristina Villegas, dermatóloga: “La exposición intencionada al sol sin protección no es una estrategia segura”

La menor exposición solar durante los meses fríos puede favorecer un descenso de vitamina D, con impacto en la salud ósea, muscular y funcional.

Cristina Villegas, dermatóloga: “La exposición intencionada al sol sin protección no es una estrategia segura”
Marta Rodríguez Peleteiro
Redactora de Tikitakas
Su trayectoria en Prisa comenzó en AS, en 2006, en la sección de Cierre. Posteriormente asumió la coordinación de la revista AS Color y la redacción de los blogs Match Point y Erratas de Campo. En 2017 pasó a formar parte de PrisaNoticias, en el control de producción de El País y AS, y volvió a AS a finales de 2022, como redactora de Tikitakas.
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Durante el invierno, la reducción de la exposición a la radiación ultravioleta limita la capacidad del organismo para sintetizar vitamina D a través de la piel. Este descenso previo a la primavera puede afectar a una parte de la población y pasar desapercibido durante semanas o meses. La vitamina D interviene en la absorción del calcio y en el mantenimiento de la salud ósea y muscular, por lo que un déficit mantenido puede repercutir en la funcionalidad diaria.

Sin embargo, el déficit no siempre se manifiesta con señales evidentes. En adultos, cuando es relevante, puede asociarse a osteomalacia, una alteración que se caracteriza por un debilitamiento progresivo del hueso y una mayor fragilidad muscular. En la práctica clínica, estos síntomas pueden confundirse con molestias habituales del invierno, como una sensación persistente de cansancio o una menor tolerancia al esfuerzo, lo que retrasa su identificación.

Ante esta situación, resulta importante evitar interpretaciones simplificadas, tal como explica Cristina Villegas, jefa de Dermatología del Hospital Universitario Sanitas La Moraleja. “La síntesis cutánea de vitamina D depende de la radiación UVB, pero la exposición intencionada al sol sin protección no es una estrategia segura. El daño solar se acumula y el riesgo de cáncer de piel aumenta”.

Prudencia con los suplementos

El abordaje clínico requiere también prudencia en el uso de pruebas y suplementos. De hecho, el Ministerio de Sanidad ha recordado la necesidad de un uso racional tanto de las determinaciones analíticas como de la suplementación, y desaconseja su empleo sin indicación médica. La valoración puede resultar adecuada cuando existen síntomas o factores de riesgo, siempre bajo la supervisión de un profesional sanitario.

Por su parte, en las personas mayores esta decisión suele analizarse con mayor detenimiento debido a su posible impacto sobre el equilibrio, la movilidad y la autonomía. Además, con el paso de los años disminuye la capacidad de la piel para producir vitamina D. “Cuando aparecen debilidad muscular, dolor óseo o un deterioro funcional que no se explican por otras causas, conviene valorar el estado de salud en su conjunto y, si procede, revisar la vitamina D dentro de una evaluación clínica completa”, señala Miriam Piqueras, directora médica de Sanitas Mayores. Si se confirma el déficit y se decide iniciar tratamiento, la suplementación debe pautarse y revisarse de forma periódica. La sobredosificación puede provocar hipercalcemia y otras complicaciones relevantes, un riesgo descrito en alertas de farmacovigilancia.

Consejos

Con la llegada de la primavera el 20 de marzo, conviene incorporar salidas al aire libre de forma regular durante las horas de luz, aunque sean breves, como paseos diarios o trayectos a pie, sin necesidad de exposiciones prolongadas ni intencionadas. Además, es importante mantener el uso habitual de fotoprotección cuando corresponda, ya que la exposición cotidiana suele permitir la síntesis de vitamina D sin necesidad de modificar las rutinas de cuidado de la piel. En otoño e invierno podemos ser menos estrictos en su aplicación salvo aquellas personas que hagan deporte al aire libre, como montañismo o esquí.

Asimismo, se ha de cuidar la alimentación y revisar la dieta con criterio profesional, especialmente si es poco variada, se siguen restricciones alimentarias o existe pérdida de apetito durante los meses fríos. Y hay que prestar atención a señales persistentes como debilidad muscular, dolor óseo o pérdida de fuerza, y consultar si interfieren con la actividad diaria o no se explican por otras causas conocidas.

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Por otro lado, se ha de valorar la necesidad de analítica o suplementación solo bajo indicación médica, evitando iniciar suplementos por cuenta propia y solicitando seguimiento si existen enfermedades crónicas, alteraciones del metabolismo del calcio o tratamientos prolongados. Y, por último, favorecer rutinas que mantengan la movilidad y la actividad física adaptada, ya que el estímulo muscular contribuye al mantenimiento de la función ósea y al bienestar general durante el invierno.

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