Alfredo Rodríguez-Muñoz, experto en sueño: “La siesta puede ser beneficiosa si es breve, de unos 20 o 30 minutos”
El autor de ‘Dormir para vivir. La ciencia del descanso en la era del cansancio’ (Kailas) charla con AS sobre el gran proceso de recuperación del organismo.


Dormir bien no es un lujo, sino una necesidad biológica fundamental para el bienestar físico y mental. En una sociedad cada vez más acelerada, el descanso suele quedar relegado a un segundo plano frente a las obligaciones diarias, el trabajo o el uso constante de la tecnología. Sin embargo, la calidad y la cantidad de sueño influyen directamente en nuestra salud, nuestro rendimiento y nuestro estado de ánimo.
Así lo explica para AS Alfredo Rodríguez-Muñoz, catedrático de Psicología de la Universidad Complutense de Madrid y experto en sueño, bienestar y salud laboral: “Las dos cosas importan. La mayoría de los adultos necesita dormir entre siete y nueve horas para funcionar bien, pero no se trata de obsesionarse con un número exacto. El sueño tiene cierta variabilidad individual y una buena referencia es cómo nos encontramos durante el día: si nos despertamos descansados, con energía y capacidad de concentración, probablemente estamos durmiendo lo que necesitamos. Además, la calidad y la regularidad del sueño son igual de importantes que la cantidad. Dormir ocho horas muy fragmentadas o con horarios muy irregulares no tiene el mismo efecto que mantener un patrón de sueño estable”.
¿Y cómo saber si no se está descansando bien aunque se duerman siete u ocho horas? “Si una persona se despierta cansada, necesita mucha cafeína para funcionar o tiene dificultades para concentrarse durante el día, probablemente algo no está funcionando bien en su descanso. También son señales frecuentes la irritabilidad, los despertares nocturnos o la sensación de no haber dormido realmente profundo”.
Los trastornos más frecuentes
Rodríguez-Muñoz, autor de Dormir para vivir. La ciencia del descanso en la era del cansancio (Kailas), explica también cuáles son los hoy en día los trastornos más comunes en este sentidos: “El insomnio es, con diferencia, el trastorno del sueño más frecuente. Muchas personas experimentan dificultades para conciliar o mantener el sueño en algún momento, y en una parte de la población ese problema se vuelve crónico. También son relativamente comunes la apnea del sueño, que provoca pausas respiratorias durante la noche y fragmenta el descanso, y los trastornos del ritmo circadiano, que aparecen cuando nuestros horarios sociales (como el trabajo a turnos o los cambios constantes de horario) entran en conflicto con el reloj biológico”.
Y uno de los problemas para el descanso son las pantallas: “Estas afectan al sueño por varios motivos. La luz azul retrasa la producción de melatonina, pero además el contenido que consumimos, redes sociales, noticias o vídeos, mantiene el cerebro activado emocionalmente. En cierto modo, mirar el móvil antes de dormir es como decirle al cerebro que el día todavía no ha terminado”.
¿Su consejo? “Mantener horarios relativamente regulares, exponerse a la luz natural durante el día, hacer ejercicio y reducir la activación mental antes de acostarse son algunas de las claves más importantes. El sueño no se fuerza directamente: se prepara durante el día y se permite por la noche”.
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Y, concluye, un descanso por la tarde no es negativo: “La siesta puede ser beneficiosa si es breve, de unos 20 o 30 minutos. En esas condiciones puede mejorar la alerta y el rendimiento sin interferir con el sueño nocturno. Si es demasiado larga o demasiado tarde, en cambio, puede dificultar dormir por la noche”.
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