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Pablo Carreño
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Daniel Evans
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TENIS | MASTERS 1.000 CANADÁ

Carreño, segundo finalista español en Canadá

El asturiano alcanza su tope en Masters 1.000 tras ganar al británico Evans y se enfrentará este domingo (22:00, #Vamos) en la final a Hurkacz.

Actualizado a

Pablo Carreño es uno de los mejores jugadores españoles de la última década y desde este sábado, forma parte de la historia del tenis nacional tras clasificarse para la final en el Masters 1.000 de Canadá, la primera para él de esta categoría, porque es el segundo tenista de la Armada que lo consigue allí, después de Rafa Nadal, cinco veces campeón. Se había quedado con la miel en los labios en 2017, cuando cayó contra Wawrinka en las semifinales de Indian Wells, y en 2018 le pasó lo mismo en Miami, su verdugo fue Zverev. En Montreal no falló. No había perdido ni un set en los cuatro anteriores partidos y cedió uno ante Daniel Evans, pero ganó por 7-5, 6-7 (7) y 6-2 en 2h58. Este domingo (22:00, #Vamos), en el partido más importante de su trayectoria, tratará de superar al polaco Hubert Hurkacz, ganador en Miami el año pasado, con quien tiene igualado a un triunfo el cara a cara (el año pasado lo venció en Cincinnati).

“Ha sido más divertido para la gente, para mí ha sido duro, con este match ball que perdí en el segundo set. Tener que jugar otro, siempre es difícil, pero mentalmente estuve bien y decidí ser más agresivo, presionar e ir a la red”, dijo Carreño, que sí fue valiente y no rehuyó la pelea en ningún momento ante el británico de 32 años y 39º del mundo, incansable pese a que había jugado 11 mangas en cuatro partidos, más dos de dobles con cuatro desempates (después le tocaba jugar las semifinales con Peers contra Zielinski y Hurkacz). Un tipo con muy buena mano cerca de la red, que sube mucho y utiliza con frecuencia un molesto revés cortado.

Contra eso peleó Carreño con sus buenos saques, con su controlado y certero revés a dos manos, y con algún que otro drive para acumular 41 golpes ganadores sin miedo al error. Solo tuvo dos malos momentos en el partido. En el inicio del primer set falló más de la cuenta y en el arranque del segundo encajó un 0-3 que a punto estuvo de revertir con tesón, aunque se le escapó ese punto de partido en el desempate, que hubiera evitado una indeseada tercera manga.

Final apoteósico

No obstante, no tuvo pereza y la jugó con determinación y maestría, aprovechando los primeros signos de fatiga de Evans, a quien nunca se había enfrentado. Consiguió intimidarle y lo barrió en un último juego, que ganó al resto y en blanco. “Por qué no ahora. Este estaba siendo uno de los peores años de mi carrera, con una sola final, en Barcelona, y las semifinales de Bastad, pero esta semana, no sé por qué, el nivel ha sido increíble. Jugué muy buenos partidos al principio, y ayer y hoy, sin hacerlo tan bien, he sido capaz de ganar”, analizó sobre su actuación torneo, antes de una final que afronta con el apoyo de su padre, que está en Montreal, y “emocionado”. “Para mí es muy importante salir, dar lo mejor y ser agresivo”. Esa es la actitud, la sangre de la Armada.

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