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TENIS

“Después de ese partido, cambió su forma de enfrentarse a Nadal”

Ivan Ljubicic, último entrenador de Federer, repasa la carrera de su pupilo. La final en el Open de Australia de 2017, a su juicio, fue un antes y un después para el suizo.

Actualizado a
Roger Federer y Rafa nadal.
GLYN KIRKAFP

Federer llevaba seis meses parado por una lesión de rodilla; Nadal, por su parte, también había estado alejado de las pistas debido a un problema en su muñeca izquierda. El enésimo paralelismo entre dos carreras únicas, pero que se complementan, siendo complicado entenderse por separado. El suizo, tras levantar un break en el quinto y definitivo set, se proclamaba campeón en el Open de Australia de 2017, su 18º Grand Slam, el primero desde Wimbledon 2012. Tensión hasta el final, con revisión incluida en el último punto del partido, gritos y lágrimas. Rafa, fiel a su forma de ser, reconocía el logro de su eterno rival y amigo. “Quizá Roger se merecía este título más que yo”, aseguraba.

Era la 11ª victoria de Federer sobre Nadal. Hasta ese momento, su cara a cara había sido un 10-23 muy favorable al balear. Desde entonces, y hasta las semifinales de Wimbledon 2019, su último enfrentamiento directo, el recuento pasó a un más igualado 16-24. “Después de ese partido, cambió su forma de enfrentarse a Nadal”, revela Ivan Ljubicic, último entrenador de Roger, a quien conoció durante un Futures cuando él tenía 17 años y el suizo, 15. “Creo que después de ese partido se sintió cada vez más seguro, empezó a ser consciente de que lo tenía en su raqueta, algo que no sentía frente a Rafa en las ocasiones anteriores. Empezó a creer más y también cambió a nivel táctico”, continúa en The Tennis Podcast. “Roger aceptó la necesidad de jugarle más a la derecha de Nadal, aplanando su revés, manteniéndose enfocado en la pelota, no en el oponente. Cuando vi a Roger en el quinto set, pese a ir 3-1 abajo, me quedé tranquilo porque estaba jugando de la manera correcta, la oportunidad iba a llegar”, añade en Tennis Majors.

Uno de los 40 episodios entre las dos leyendas. Otro, las semifinales de Roland Garros 2019, la última victoria de Nadal sobre Federer, que se llevó siete de los últimos ocho duelos entre ambos. “Sé que soy un perfeccionista, pero lamento mucho ese partido. Hacía tanto viento que el encuentro no fue real. Hubiera querido verlo en condiciones normales. No digo que hubiera ganado Roger, pero sí creo que, en esa etapa, se sentía lo suficientemente poderoso como para hacerle daño a Rafa en arcilla. En otras superficies, ahí están los resultados, así empezó a sentirlo”, analiza sobre él Ljubicic. En esas condiciones complicadas, con mucho frío y el mencionado viento, que hasta provocaba tormentas de arena sobre la pista, el jugador español se mostró hercúleo, arrollador (6-3, 6-4 y 6-2), también fiel a su forma de ser: insuperable a nivel mental. Más duro que la elegancia suiza.

El debate del GOAT

Las señas de identidad de uno y otro, las características de un duelo difícil de decantar. Todavía más, con la necesaria inclusión de Novak Djokovic en el eterno debate. “No sé cuáles deberían ser los criterios, pero no creo que haya una respuesta clara. ¿Qué significa ‘ser el más grande’? ¿El más exitoso es el más grande o va por otro lado? Roger, Novak y Rafa, los tres han hecho cosas que nunca se lograrán en el futuro, han llevado este deporta a una altura asombrosa, por lo que no hay razón para buscar la respuesta del GOAT”, analiza Ljubicic, incapaz de decantarse. “Cualquiera de los tres puede ser el GOAT, lo que está claro es que sus logros son totalmente de enfermos”, culmina. La única respuesta posible.

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