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US OPEN

Japón vibra con la ‘emperadora’ que entrena un ex de Serena

Naomi Osaka.

JULIAN FINNEY

AFP

La joven de 20 años y 1,80 metros, que ya es top-10 (7ª), se convirtió el sábado en la primera persona de Japón, hombre o mujer, que levanta un título de Grand Slam.

Nueva York

Naomi Osaka ha sido la gran sensación del US Open. La joven de 20 años y 1,80 metros, que llegó como la 19ª del mundo y sale del torneo en el top-10 (7ª), ganó en semifinales por 6-2 y 6-4 a la finalista del año pasado, Madison Keys, y se convirtió el sábado en la primera persona de Japón, hombre o mujer, que levanta un título de Grand Slam. Lo hizo, además, tras vencer a su ídolo, Serena Williams.

Los nipones vibran con su nueva emperadora, que tendrá ya un seguimiento masivo y una pila considerable de contratos, como su compatriota de la ATP Kei Nishikori. El número que montó la estadounidense en la final, no empaña el extraordinario torneo de la nipona ni el brillante futuro que le aguarda si nada se tuerce en su carrera.

Este año explotó en Indian Wells, donde ganó a Sharapova, Radwanska, Halep, Pliskova y Kasatkina en la final. Poco después, en la primera ronda de Miami barrió (6-2 y 6-3) a la propia Serena. Da la casualidad de que su entrenador, el alemán Sascha Bajin, fue sparring y hombre de confianza de la exnúmero uno el mundo. Prepara desde diciembre de 2017 a Osaka, de padre haitiano (Leonard Francois) y madre japonesa (Tamaki), mezcla a la que debe su cálido tono de piel, y nacida en la ciudad a la que debe su apellido. Tiene una hermana mayor, Mari, que también juega al tenis aunque con menos éxito. Tiene uan derecha potente y mucha movilidad. Patrick Mouratoglou, técnico de Serena, la define como “intensa y tranquila a la vez”. Muy tranquila, podría decirse, por la timidez que demuestra en las entrevistas y ruedas de prensa. Herencia japonesa.

En un extenso reportaje del New York Times cuentan con pelos y señales la historia de Naomi, que es considerada en Japón como una hafu (del inglés half, mitad), por su mezcla genética. Aunque sus raices son orientales, creció en Estados Unidos y se entrena en Boca Ratón, en la academia de la legendaria Chris Evert.

La de sus padres, una historia de amor de película

Su sangre interracial, fruto de una historia de amor de película entre sus progenitores que comenzó en la universidad de Sapporo en 1990, representa a un país que defiende la pureza de la raza. No habla demasiado bien el japonés, pero su padre decidió que sus hijas representarán al estado del Sol Naciente. Se dio cuenta de que por allí estaban ávidos de tener una estrella en el tenis femenino y que en América la competencia era muy grande. Lo hizo pese a lo difícil que le fue ser aceptado como hombre negro por la familia de su esposa, que había estado apunto de concertarle un matrimonio. Al enterarse de esta relación, el padre de Tamaki montó en cólera y le dijo que era una desgracia para la familia. La pareja se trasladó a Osaka y ella estuvo casi una década sin hablar con su gente. Allí tuvieron a sus dos hijas. Cuando Naomi tenía tres años se trasladaron a Long Island y más tarde, a Florida, donde comenzó a jugar al tenis. Ahora quiere ser "la mejor de las mejores, como nadie lo haya sido".

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