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Vinicius tuvo poca colaboración

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Mediados los sesenta, cuando Amancio, hoy presidente de honor del Madrid, reinaba en los campos de España, el Pontevedra alcanzó prestigio con un equipo del que se decía: “Es un hueso y hay que roerlo”. (‘Hai que roelo’, en gallego, y con ese alias quedó en la historia). Lo recordaba ayer viendo a Osasuna tan bien plantado, tan atento para cerrarle los caminos al Madrid, tan atrevido para atacar no con un par de jugadores sino con cinco o seis. Como aquellos, no son jugadores de brillo especial, pero sí eficientes, lógicos, con el manejo suficiente del balón, muy firmes atrás por arriba… Y para los malos momentos, respaldados por un buen portero.

No fue una sorpresa, Osasuna se presentaba en el Bernabéu avalado por su trayectoria desde que lo lleva Jagoba Arrasate. Venía también, claro, menos afectado por el ‘virus FIFA’ que el Madrid, donde solamente un jugador, Vinicius, estuvo en sus máximos. Instalado ya con carácter oficial el ‘viniciusistema’, por él discurrió todo el peligro del Madrid, incluido el gol, que mereció revisión de VAR. Por el antiguo testamento ese tanto se hubiera anulado, porque Rüdiger está adelantado e intenta jugar. Por el nuevo está bien concedido si el árbitro no aprecia que ha existido interferencia.

Ese gol se quedó sin compañero porque Benzema falló un penalti (previo VAR también, qué lata es esto), porque el ataque tiró mucho fuera y poco dentro y porque las bien encuadradas las detuvo Herrera con facilidad para quedarse el balón en lugar de rebotarlo a cualquier parte propia de otro tiempo. En el área contraria sí hubo un gol, premio lógico y proporcionado a los intentos de Osasuna, con un cabezazo difícil de Kike García que dejó sin posibilidades a Lunin. Se cortó una racha de victorias de arranque de temporada que iba para récord y el Barça es ahora líder, codo a codo con el Madrid. Y, por decirlo todo, echamos muy de menos a Modric.