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Vinicius se ha pasado el juego

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Para asentarte como futbolista determinante en un club tan exigente y despiadado como el Madrid, ser muy bueno no es suficiente. Al talento hay que sumarle en la misma proporción máximo nivel de esfuerzo y, sobre todo, una cabeza muy bien amueblada. Y Vinicius es el caso. Su elevado precio de traspaso subió el listón desde el primer día de manera injusta para un crío que prácticamente no había salido de su país. Se ha encontrado con todos los obstáculos posibles y los ha ido superado con determinación y sin hinchar el pecho.

Ha tenido la personalidad de vencer la desconfianza de los entrenadores, de superar su falta de puntería y de sobreponerse a la crueldad de críticos y envidiosos que rozaban la falta de respeto y ahora tienen la cabeza metida en un agujero. Hasta en el proceso de renovación ha demostrado gran inteligencia y estar fantásticamente rodeado. En ningún momento ha aprovechado su temporadón para pedir más pasta ni se ha comparado con ningún compañero con muchos más ceros en su cuenta que rendimiento en el césped. Ha esperado su oportunidad y el club se lo va a reconocer con tratamiento de megacrack.

Su declaración pública de amor eterno al escudo ha sido el colofón perfecto para una temporada para la Historia. En un fútbol en el que cada vez cuenta más la pasta y menos los colores, el brasileño ha terminado de meterse al personal en el bolsillo renunciando a ganar más dinero por quedarse en el club más competitivo del mundo. Vinicius está recogiendo ahora el fruto de un trabajo bien hecho y mandando un mensaje a muchos jóvenes con talento, pero con demasiados pájaros en la cabeza y poca capacidad de sacrificio. Y lo mejor está por llegar...

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