El Lyon no atiende a favoritismos ni perdones

Turín amaneció reluciente, con sus calles plagadas de viandantes vestidos de blaugrana y un tráfico nervioso que indicaba que, en la ciudad, estaba en juego algo importante. La corona europea aguardaba y la tarde avanzaba con los nervios propios de la cita más esperada. Lyon y Barça se volvían a ver las caras en la gran final de la Champions y la afición culé aventuraba el triunfo de las suyas con la confianza de quienes se saben favoritas.

Alexia. Mapi. Martens. Aitana. Patri. Esos eran los nombres más repetidos por las niñas y niños que poblaban los aledaños del Juventus Stadium. Y eso indica que sí, que algo ha cambiado. Las futbolistas del Barça tienen buena parte de culpa de ello. Porque sus tres finales en cuatro años han hecho que cualquier persona, aún ajena a este deporte, sepa decir quiénes son las estrellas del cuadro blaugrana. Algo impensable hace unos años.

Y es que este Barça ha hecho creer en lo imposible. Tanto que con 0-3 en el marcador en poco más de media hora de partido, los culés congregados en el Juventus Stadium seguían manteniendo la fe en las suyas. Pero los nervios de la final más esperada hicieron mella en un equipo irreconocible en la primera mitad. Fallaron atrás ante un Lyon que no entiende de perdones y acabaron desesperadas ante la experiencia de las francesas en el arte del mal llamado otro fútbol. El trono europeo vuelve a ser suyo. Merecido.