Vinicius viaja del prejuicio al clamor

Un equipo funciona impecablemente cuando no hay el menor reproche a sus despliegues ofensivos y defensivos, la nota colectiva es tan alta que resulta casi imposible destacar a nadie, los goles son el producto natural de su hegemonía y el portero divisa el partido desde su área sin la menor inquietud. Todo esto ofreció el Madrid frente al Shakhtar en Kiev, escenario prestado por las graves tensiones en la región ucraniana del Donbass. Fue una brillante actuación coral rematada por el combo Vinicius/Benzema, insospechado hasta hace bien poco.

Después de las últimas dudas, la derrota con el Sheriff figura entre las más sorprendentes en la historia del club, el Madrid no dio la menor opción al Shakhtar, cuya fascinación por el fútbol brasileño no decrece. Ha convertido en una industria de excelentes dividendos la captación en Brasil de jóvenes jugadores que no interesan o pasan al costado del radar de los grandes clubes. Los que destacan acaban en las principales Ligas. Willian, Fernandinho, Douglas Costa o Fernando son algunos de ellos. No es tan seguro que esta generación del Shakhtar reedite el prestigio de las anteriores.

El Madrid se encontró con un rival que pretendió llevar la posesión de la pelota a un límite moroso. Marlon, un central que pasó por el Barça B, confundió la serena interpretación del juego con una parodia de la pasividad. Los demás tampoco destacaron ni por su dinamismo, ni por el orden defensivo. Quietud más desorden es una invitación al desastre si el rival se aviva. Y el Madrid se avivó tanto que se dio un banquete.

El equipo desprendió un aroma clásico: 4-3-3, Modric, Casemiro y Kroos en el medio campo, Rodrygo, Benzema y Vinicius en la delantera. La defensa, tan castigada hasta ahora, no encontró problema en disolver los escasos ataques del Shakhtar, donde solo el animoso israelí Solomon se negó a capitular. El gas le duró 15 minutos. Al resto le faltó gas y prestancia todo el encuentro.

El mérito del Madrid no sólo radicó en jugar bien y decidido, sino mantener alta la temperatura de principio a fin. No es una característica del equipo desde hace años. Al Madrid le cuesta una barbaridad completar un partido redondo, la clásica actuación que no deja margen a la duda y señala una cota altísima. Frente al Shaktar, rozó la perfección. Que esto ocurra, con goleada incluida, en las vísperas del Madrid-Barça, es la mejor noticia posible para el equipo y la hinchada.

Los tres centrocampistas llegaban al encuentro con algunos interrogantes. Modric había dado muestras de fatiga en los partidos anteriores, Casemiro barría menos de lo habitual y los problemas físicos habían demorado el regreso de Kroos. En sus mejores días, este terceto ha sido uno de los más afinados del mundo. En Kiev regresaron a la cima. Kroos dirigió las operaciones con el láser que distingue a su pie. Modric perforó cuándo quiso y cómo quiso, con el corolario de su primoroso pase a Vinicius en el segundo gol del brasileño.

Vinicius fue la noticia del partido, con mucha razón. Se ha soltado y se siente seguro. Ha adquirido la naturalidad que le faltaba, en gran medida por los prejuicios negativos que se habían establecido con él. Su imprevista sociedad con Benzema crece. Quizá Karim pueda explicarle un par o tres de cosas sobre la negatividad del ambiente.

Tiempo atrás, no había memoria amable con el francés. Se recordaban sus partidos malos y se enterraban inmediatamente los buenos. Está claro que todo sucedió en una era anterior, el pleistoceno de Benzema, del que ha salido boyante. Vinicius, que es otro tipo de jugador, remite a Benzema en las dificultades que ha encontrado para cambiar el prejuicio negativo por una consideración positiva. En estos momentos, hablar de consideración es poco. Lo suyo se acerca al clamor.