Una final que reivindica a Luis Enrique

Clave. España juega hoy contra Francia en un escenario sagrado, San Siro, la final de la Nations League, una competición a la que muchos auguraron ruina y que no sólo es muy divertida y enfrenta entre sí a rivales de élite, sino que ha acabado con los amistosos basura. Alcanzar la final reivindica a Luis Enrique y también, por qué no decirlo, a Luis Rubiales. Cuando el presidente de la FEF llamó al asturiano en julio de 2018, la Selección estaba metida en un agujero negro: después de ser pateada en la final de la Confederaciones por Brasil (2013), no pasó la primera fase en el Mundial 2014 y perdió en octavos en 2016 y 2018. Estaba desangrándose y aún con viejos vicios del vestuario, extremados en Krasnodar. Después de hacer un paréntesis personal entre marzo y octubre de 2019, Rubiales consiguió su regreso. Estuvo rápido. Por esas fechas, y con Valverde ya cuestionado, el Barça pensó por un momento en él, pero no se atrevió a llamarlo respetando su paréntesis personal.

Contagiosa. Ya se puede confirmar que Luis Enrique ha subido el nivel de la Selección. La ha puesto dos veces entre las cuatro mejores de Europa en los últimos meses. La palabra clave, sin duda, es competitividad. España no es una Selección aún fiable y, de hecho, Luis Enrique tiene un balance de 17-10-4 como seleccionador que revela aún cierta vulnerabilidad, pero juega con energía, tiene una idea y conecta. Luis Enrique ha traído una filosofía y futuro. Con él han debutado 27 jugadores. Algunos, como Johny, Jaime Mata, Óscar o Pau López, se fueron como llegaron, pero Unai Simón, Laporte, Eric, Ferran, Marcos Llorente o Gayà forman parte ya del núcleo duro de la Selección. Las dos últimas incorporaciones, Gavi y Yeremy han sido un trueno. El andaluz y el canario no sólo poseen el talento, también tienen una de las cosas que más valen en el fútbol: pese a su juventud, casi siempre toman la decisión correcta.

Esperanza. Así que Luis Enrique está haciendo futuro sin descuidar lo que pasa estos días, porque tiene pendiente una clasificación para el Mundial. Pero da la sensación de que la Eurocopa del positivo por COVID de Busquets, el césped de La Cartuja, los pitos a Morata, los errores y gestas de Unai contra Croacia, las prórrogas épicas y hasta la derrota final contra Italia unieron para siempre al grupo. Podríamos decir que hoy se trata de salir a disfrutar, pero no. Aunque Francia sea favorita, España también necesita volver a gritar que es la campeona.