Proceso de alienación en el Camp Nou

Desesperados. El Barça vuelve a jugar en el Camp Nou mañana y es difícil saber qué se va a encontrar allí. Lo del día del Bayern tuvo algo de kafkiano. Las chanzas con el 0-3, con juegos de pelota en la grada, fueron la foto perfecta de la frustración llevada a la indiferencia. Tan desorientado el socio como el equipo y la institución, las iras se dirigieron a Sergi Roberto. Al día siguiente, los mismos que le habían pitado se preguntaban si tenía sentido poner el foco en un futbolista honrado que, además de simbolizar muchas cosas en el Barça por aquel cambio de Guardiola en el Bernabéu en la semifinal de la Champions de 2011, y por ser el héroe final del 6-1 ante el PSG, es uno de los suyos. Más allá de si el mismo Sergi Roberto debería plantearse si tiene sentido renovar el contrato por más que se rebaje el 35% de la ficha para exponerse así, a los pitos de la frustración, escoger cabezas de turco así tiene algo de cobarde. El caso puede extenderse pronto al resto de capitanes. Lo más razonable parecería que unos aceptasen cuándo ha llegado su tiempo y, mientras, se respetasen sus trayectorias. Pero eso es mucho decir en estos días.

El banquillo. La situación es preocupante. Koeman tiene nuevos rotos en su traje de entrenador. A las dudas de Laporta y las presiones de los directivos-forofos que son incapaces de ver los muchos méritos que hizo el año pasado, se han sumado por primera vez las dudas en el vestuario. Valiente la temporada pasada en sus decisiones, contra el Bayern fue lo contrario. Estuvo ultraconservador en el planteamiento y respetó los galones de Jordi Alba cuando no estaba en condiciones de jugar. Luego, y por más que tuviese poco en el banquillo, fue incapaz de cambiar el talante del equipo. Eso no ha gustado en el vestuario, que también empieza a airear que no entiende el fichaje de Luuk de Jong.

Estamentos. Está débil el Barça. En el césped falta liderazgo y, seguramente, talento. En el banquillo, Koeman ya parece más preocupado de demostrar que no se va a arrugar ante Laporta. Y el presidente, más allá de vídeos motivacionales, ofrece muy pocas ideas, en una especie de parálisis alejada del Laporta audaz y determinado de su primera etapa en la que, eso sí, estaba rodeado de algunos de los mejores en lo suyo, no de un gabinete de presidencia formado por una cohorte de palmeros. Con ese panorama, es fácil entrar en un proceso de alineación como el del Camp Nou el martes pasado. Así pasa el Barça sus días.