El Inter y un castigo inmerecido

El Inter de Milan ha crecido. Hace un año, los nerazzurri ante el Real Madrid sufrieron mucho más miedo escénico, dando la sensación, por momentos, de no sentirse a la altura del equipo más laureado de Europa. A pesar de los adioses de Conte, Achraf y Lukaku, sin embargo, los milaneses se mostraron más conscientes de su fuerza. Es el efecto, quizás, de llevar el scudetto en la camiseta: este grupo ha interrumpido la legendaria racha de la Juventus y debe apuntar alto. Ante los de Carlo Ancelotti, el Inter saltó al campo con autoridad, enchufado, bien organizado.

Tuvo, sin embargo, un enorme defecto: una total falta de puntería. Perdonar tanto pasa factura, sobre todo contra un Madrid que, en el tramo final, hizo valer su calidad ante el cansancio de los locales. El tanto decisivo llegó cinco minutos después de que Barella dejara el césped, y no es casualidad. El joven italiano es el alma de este conjunto junto con Lautaro, pero ambos no tuvieron su mejor noche.

Haber desperdiciado tantas oportunidades habría dejado un sabor amargo también con un empate. La derrota, en cambio, es un castigo doloroso e inmerecido para los nerazzurri, pero la Champions League es así. Si el Inter quiere volver a ser grande ante los grandes, no puede derretirse en los últimos diez minutos como hizo ante los madridistas, que acabaron crecidos. No llevarse ningún punto tras una actuación tan positiva es una auténtica pena.