Mbappé, el empleado de Al Khelaifi

Da gusto ver cómo se expresa Mbappé, casi tanto como cuando coge la pelota y la cose en carrera a sus botas llenas de fantasía. Por eso me ha maravillado la elegante contundencia con la que ha vuelto a poner en su sitio a Al Khelaifi. El PSG es un club confundido. No es más rico el que más presume de serlo, incluso aunque lo sea, sino el que es capaz de conquistar el afecto de la gente por su manera de afrontar el devenir diario. A Mbappé no te lo ganas por coacción o imposición jerárquica, te lo ganas por feeling, complicidad y cercanía. Por más ceros que le ponga a la derecha el jeque, el crack parisino no va a dar su brazo a torcer.

Y menos aún si le amenaza con un tono feudal y medieval: "Kylian jamás se irá del PSG, ni gratis". Una jaula de oro es en lo que se ha convertido el club parisino, lo que permite entender que no haya sido capaz de ganar una sola Champions o que esta temporada haya sido el Lille el que se haya llevado la Ligue 1. Kylian no se va a arrugar por las bravatas de Al Khelaifi. Sabe el terreno que pisa. Forzará la máquina para salir este verano rumbo a su soñado Bernabéu, pero si el jeque vuelve a las bravuconadas y amenazas de reclusión eterna, Kylian no se alterará, seguirá un año más junto a la Torre Eiffel y el 1 de julio de 2022 le dirá Au revoir al jeque y a toda su corte de aduladores.

Además, la expresión "en este club soy un empleado" encierra muchas verdades. Primera, que el PSG es "este club" y no "mi club". Y que el empleado Mbappé se siente como tal por ese trato autoritario del mandamás empeñado en decir que de París no se irá "ni gratis". El peor camino para alejarle del Madrid...