Vigo se aferra al espíritu de Larrivey

Europa, esa palabra tabú durante casi toda la temporada, llena ahora las fachadas del celtismo. Puede parecer imposible, y tal vez lo sea, pero el asfalto ya estuvo peor. En noviembre, cuando llegó Coudet, ni siquiera había firme, el camino era un lodazal en el que el Celta se hundía a cada paso. El barro llegó hasta el cuello tras perder en Sevilla, con el celeste coloreando el último puesto de la tabla. Entonces, el único horizonte era sobrevivir. El reto ahora es tomarse un daiquiri tumbado en la playa en lugar de quedarse en la terraza del paseo marítimo con el café. Bendito problema.

La música de Misión Imposible lleva sonando varias semanas en el vestuario céltico. Nolito subió el volumen ante el Getafe, aunque Betis y Villarreal se encargaron de insonorizar su territorio. El Celta está obligado a ganar en el Camp Nou, algo que sólo ocurrió una vez, y esperar. Para ganar una carrera es obligatorio dar el primer paso y en esa zancada está presente Larrivey. Su gol a Claudio Bravo (y el genial taconazo de Nolito) está presente estos días más que nunca entre los célticos. Los vigueses se aferran a ese espíritu para repetir la hazaña. Sólo entonces será el momento de abrir la aplicación de los marcadores para comprobar los resultados de Betis y Villarreal. Quién sabe, igual la música de Misión Imposible vuelve a inundar el vestuario del Celta.