Koeman alimentó un disparate

El Barça tiró definitivamente LaLiga en el Ciutat de Valencia. Un buen momento para extraer algunas conclusiones que, en caliente, son mucho más sinceras que en frío, cuando se impone la compasión. Koeman firmó su peor noche como entrenador. No fue capaz de convencer a sus jugadores al descanso de que el partido no estaba cerrado y, peor aún, metió a Sergi Roberto en el campo por el lesionado Araújo. Sergi Roberto no está hace tiempo para jugar de lateral en el Barça. Así que de central fue, directamente, una calamidad. Al tiempo que él se derretía, se hundió el Barça, cuya segunda parte fue un disparate.

Sus capitanes, esta vez, tampoco ayudaron al holandés. Messi perdió un balón imperdonable en la jugada del 2-2 y Piqué llegó, otra vez, tarde al remate de Sergio León en la jugada del 3-3. El tiempo les está alcanzando, especialmente al central, que resguardado en una línea de tres vive de su indiscutible clase, pero que ya no gana duelos como antes. La pelota y los rivales empiezan a ir demasiado rápido para él. Esos instantes de la vida en los que crees que llegas, pero ya no llegas.

Si no fuera porque no se esperaba nada del Barça esta temporada, lo de este martes hubiera sido recordado como uno de los grandes hundimientos del Brça en la historia de LaLiga. Ganando 0-2 en el campo de un equipo que se no se jugaba nada, regalando tres goles más que mandaron al limbo Pedri y De Jong, regalaron el título como nunca puede hacer un equipo grande. Y hemos hablado de Koeman, Sergi Roberto, Messi o Piqué, pero no de Ter Stegen. Lo del Atlético fue un oasis. Eso de que le habían marcado nueve de los últimos 14 tiros a puerta puede tener su explicación. A su habitual falta de decisión en los balones cruzados en el área, se ha añadido que no intuye por dónde vienen los remates.

El caso es que el Barça está afeando su final de temporada a velocidad de vértigo. Se puso en pie entre enero y abril, pero lo de mayo está siendo espantoso. Hasta el punto de que puede pasarle factura a Koeman, cuyo trabajo de campo es indiscutible y quedará durante años en el club en forma de jugadores que ha puesto en pie, pero que no ha estado fino en las últimas decisiones. Buen alimento para quienes conspiran para que Laporta lo pasaporte. Al final, no obstante, el fútbol es de los jugadores. Los mismos que escondieron la cabeza en el Ciutat de Levante y terminaron por tirar una Liga que, por lo visto, no tenían tantas ganas de ganar.