Tuchel le cuenta la verdad a Zidane

Hasta aquí llegó y seguramente sea mucho. El Madrid, al que tantas veces se le dio ganar por ganar, no pudo esta vez ni ofrecer una versión convincente ante un Chelsea que fue bastante más en toda la eliminatoria. Hay que rendirse al trabajo formidable de Tuchel, que ha cambiado la cara por completo a un equipo encaminado a la nada para convertirlo en una máquina engrasada que domina todos los frentes. No hubo aspecto del juego en el que el Chelsea fuera inferior al Madrid. En la fase de posesión salió y corrió como quiso; cuando el balón era blanco presionó o se defendió en un bloque medio como una roca. Zidane no encontró soluciones desde la pizarra como en duelos europeos previos y equivocó esta vez el planteamiento. No ayudó en nada a sus jugadores. Se empeñó en desubicar a Vinicius y Mendy como carrileros, mal perfilados, que siempre recibieron de espaldas. Después lo hizo con Valverde y Asensio. Los roles tan abiertos de Militao y Nacho oscurecieron más el panorama.

Ante este barullo, la coral y ajustada presión del Chelsea, que involucra a todos los jugadores al cubrir posiciones que dejan sus compañeros, flageló el juego blanco. Por fuera nunca tuvo profundidad, por dentro solo generó cierto inconveniente al bloque de Tuchel cuando Hazard, Modric o Kroos se descolgaron por detrás de Kanté y Jorginho en la primera media hora del choque. Fue un equipo timorato, anudado por las piernas contrarias, que renunció hasta a su ventaja que no era otra que la experiencia. Sin creer en la pelea, maniatado también por el inmovilismo de Zidane, el Madrid no discutió la hegemonía futbolística de un adversario que inició su superioridad en el atrevimiento de sus centrales y que jugó a otro ritmo. Se abrazó a las transiciones y puso en el mapa a Havertz, Werner y Mount con una facilidad pasmosa. El baño fue por momentos de tal calibre que solo la incapacidad crónica del Chelsea de finalizar todo lo que genera evitó un resultado sonado. Apenas pudo marcar cuando Courtois no estaba en la portería. El Madrid no se venció del todo por el estímulo del marcador, pero no le daba para nada más. Ha llegado en la Champions hasta donde duraron Modric y Kroos, agotados a estas alturas de curso. Se acabó. No había por donde cogerlo.

La brecha

Kanté, el hombre de la eliminatoria, profundiza su posición a la espalda de Kroos. El Madrid se desordena en ese simulacro de presión que realiza y el costado de Casemiro queda liberado. Horrible posicionamiento.