La Superliga, el mérito deportivo y los valores del fútbol

El anuncio de la Superliga ha sido un torpedo en mis principios del amor a mi deporte, el fútbol. No se puede empezar una competición con equipos clasificados por decreto. ¿Dónde queda el ejemplo de la rebeldía y las cosas bien hechas de esos equipos que ante las adversidades y en inferioridad económica se cuelan en las fiestas de los todopoderosos? ¿Qué sería de mi Atlético de Madrid si no vienen hace nueve años los Cholo, Godín, Gabi, Tiago, Juanfran, Koke, Miranda y otros tantos, consiguiendo, a base de creer y revolverse ante las adversidades, subir a los altares del fútbol europeo? ¿Hubiesen invitado al festín de la Superliga al Atlético sin ese esfuerzo colectivo? Y es cierto que si el Atlérico hubiera rechazado la invitación, habrían llamado a otro club para participar.

El fútbol es pasión, superación, convicción, humildad, valores que nos inculcan desde pequeños para que, a pesar de tener menos recursos, no te priven de la oportunidad de poder ganar en el verde. En la Champions actual, los seis partidos de liguilla ya son ventaja suficiente para que los todopoderosos puedan subsanar algún error, ¿por qué privar al Oporto por ejemplo este año de meterse entre los 8 mejores, para alegría de su afición? Sería algo negativo porque no hay mejor mensaje para unos canteranos que ver que el esfuerzo tiene recompensa.

Tanto en la Liga como en la Champions las cosas se están haciendo bien. En lo doméstico los clubes han bajado sus deudas por el principio de 'tanto generas, tanto gastas'. En cuestión de reparto, ver que hay equipos que perciben por derechos de televisión por encima de los 40 millones de euros, cuando antes cobraban menos de la mitad, hace subir su nivel de competitividad y mejorar las infraestructuras de sus ciudades deportivas. Subir mucho más la pasta a los todopoderosos con la Superliga provoca que se distancien más todavía de la clase media de sus respectivas ligas y que se deje todo más en manos de una utopía que de la ilusión actual de poderles plantar cara y competir.

Aunque en este tema es muy fácil que te cuelguen la etiqueta de demagogo, no hay más realidad que la de mi NO al fútbol de clasificaciones por decreto. En mi fútbol las cosas se ganan por todos esos valores que te inculcan de canterano: generosidad, esfuerzo, respeto, convicción, superación y pasión. El fútbol que yo amo no pasa por una Superliga cerrada.