La gestión osada del Madrid

El Madrid sobrevivió a sí mismo, que no al Liverpool o este Anfield desapasionado. Se pasó de frenada en la gestión, quizá víctima del agotamiento de varias de sus piezas más trascendentales. Fue un acto de excesivo conservadurismo que no tuvo factura alguna por las paradas de Courtois, el punto de mira desviado de Salah y el bajonazo de un Liverpool que no se parece en nada al que era. El bloque bajo del Madrid —41,5 metros de posición media—, con una defensa impecable del área de Militao y Nacho, fue un muro imposible para la escasa imaginación de un rival que solo enseñó los dientes las pocas ocasiones en las que salió en transición. Ni la salida de un Thiago errático, ni los movimientos de fichas de Klopp en los costados alteraron el panorama. El conjunto de Zidane se juntó, regaló campó y pretendió adormecer el partido con posesiones largas que carecían de voluntad ofensiva. De ahí que cometiera algunas pérdidas comprometidas que discreparon con la escenografía general del duelo y pudieron dar alas al Liverpool de haber acertado en los metros finales. Con Kroos y Modric (19 pérdidas) irreconocibles, más fallones que nunca, solo optó por resistir.

Sometido al dominio posicional red, el Madrid apostó por el agrupamiento general en terreno propio. Las únicas grietas aparecieron en la izquierda por la relajada custodia de Vinicius sobre Alexander-Arnold. Siempre le dejó una puerta abierta en las entregas interiores y tampoco le persiguió una vez soltaba ese primer balón. En el otro perfil, el descosido del lateral derecho lo arregló Zidane con Valverde, incluso a sabiendas que restaría su capacidad para escapar en conducción. El uruguayo sufrió de inicio con Mané hasta que se habituó al rol defensivo y ayudó al Madrid a vivir en la trinchera. De eso trató la visita blanca a Anfield. De forma peligrosa, se dedicó a gestionar la renta merecida de la ida. Aunque jugó con fuego, porque es mejor que este Liverpool, sigue de pie en Europa. Y, a estas alturas, nadie le puede negar la etiqueta de favorito. Zidane es el administrador idóneo.

La continuación

Vinicius defiende la primera entrega a Alexander-Arnold, pero después no persiste en la vigilancia y deja libre al lateral del Liverpool. El brasileño se desentendió demasiadas veces de esta responsabilidad.