El Madrid de Laso siempre se reinventa

Otro clavo en el ataúd del Madrid esta temporada. Quién no pensó eso cuando este viernes después del partido en Estambul se anunciaba que Gabriel Deck hacía las maletas para poner rumbo a los Oklahoma City Thunder de la NBA. Su adiós era otra lanza más en el costado de un equipo que ya sufrió la marcha de Facundo Campazzo en noviembre también a la Liga norteamericana y la caída de Anthony Randolph un mes después. Que vive muerto de miedo a un simple resfriado de Walter Tavares y con una plantilla veterana que no fue bien acondicionada este verano para los retos de este curso. Los problemas económicos derivados de la pandemia no permitieron más alardes que la llegada de Alberto Abalde.

Males que daban sentido a la idea de cambio de ciclo en el baloncesto español. De nueva era encabezada por un Barcelona gigante y superlativo que ha sabido maniatar a su eterno rival en todos los partidos de la temporada desde la victoria del Madrid en la Supercopa de Tenerife en el lejano mes de septiembre. Mirotic, Higgins, Calathes, Davies, Abrines… Muchos quilates bajo las órdenes de Jasikevicius, que ha dotado de equilibrio y de sentido a una plantilla destinada a ganarlo todo. A reinar en Europa por la muerte por inanición del Lasismo.

No es la primera vez que se piensa así… y no es la primera vez que nos equivocamos. Porque el Madrid tiene un máster en levantarse de la lona. Sobre todo, este Madrid de Pablo Laso. Su nivel de resiliencia es inigualable. Y sabe reinventarse. Lo hizo con la salida de Sergio Rodríguez y de Luka Doncic. Lo hizo con el adiós de Campazzo y lo hará sin Deck en sus filas. Y el primer ladrillo para resurgir es la llegada de Vincent Poirier. No será el único en aterrizar en la capital de España en los próximos meses. En verano recalará Thomas Heurtel. Se habla de Pierria Henry y de Jaylen Reynolds. Quizá Tyler Dorsey. O Nikola Kalinic. Quién sabe. Lo que sí está claro es que los blancos no se van a dejar robar la corona sin luchar. Es el ADN de Pablo Laso. Es el ADN del Madrid.