Álvaro García Nieto

Espinas y fragancia

Cuando el otro día me encontré con un vídeo del Facu Ferreyra perdonándole la vida al Wolverhampton un escalofrío me recorrió el cuerpo. Entonces estábamos en la mierda y aún teníamos algo de esperanza, aunque pronto íbamos a dejar de tenerla. Desde lo más profundo del pozo es donde mejor se nota la altura a la que está el cielo; pero desde la copa de un árbol se pueden pensar cosas muy extrañas y puede entrar vértigo. La temporada pasada no marcar era tan habitual como no tener ocasiones de gol. Esta, en cambio, marcar es lo habitual aun sin tener ocasiones. Contra el Girona todo fue raro y diferente.

Se exigía un Espanyol valiente, que saliese a dominar los tempos desde el pitido inicial, y así fue: una constante andanada contra la portería rival sin dejar muerto alguno, como en cualquier capítulo de Equipo A. En casa desempolvamos la PlayStation 2 hace una semana y he viciado al Fifa Street como lo hacía de pequeño. Todavía no he ganado un solo partido y la sensación es como la que tuve el sábado: chuto sin parar, me inflo a gamebreakers, el portero rival me lo para todo y ellos con un pase a la red ya lo tienen.

Nico Melamed.

Es desesperante, pero bueno, pienso que será cosa de los años o del algoritmo y se me pasa. La vida real es otra cosa. Como venía de ver lo de Ferreyra y de rememorar cómo caímos en picado después, con la derrota en Montilivi se me vinieron los fantasmas de Sánchez Flores y la mentalidad de la plantilla y esas cosas. Por eso intento parar, respirar y confiar en que Embarba vuelve a volar, en que jóvenes descarados como Keidi y Melamed sostienen al equipo, en que De Tomás no puede estar mucho sin marcar, y la sensación de frescura es muy diferente. Todavía es pronto para sacar a pasear la épica. Contra el Rayo a Vicente Moreno le tocará demostrar de nuevo que este equipo puede ser trufa negra, y, como canta Sen Senra, que no les defienden sus espinas, que les defiende su fragancia.