El vaso blanquivioleta... ¿medio lleno o medio vacío?

Acabó el partido en el Ciutat de Valencia y a todos nos quedaron dos sensaciones contrapuestas con los expuesto por el Real Valladolid. Una de alegría por el buen partido hecho por el equipo, siendo capaz de remontar, y otra de tristeza porque los blanquivioletas lograron ponerse 1-2 y no pudieron mantener la ventaja que le habría colocado con 22 puntos. ¿Con qué quedarse? ¿Con el vaso, blanquivioleta, medio lleno o medio vacío?

Porque hay que reconocer que el Real Valladolid, con todas las circunstancias, hizo un partido muy correcto. Fue mejor que su rival en la primera parte y en la segunda se vio agobiado en ciertos tramos, pero fue capaz de darle la vuelta al marcador, pero incapaz de mantener la ventaja. El equipo estuvo serio, con un Orellana que pide siempre el balón y que tuvo detalles de top, pero que debe tener más continuidad y peso, con un Míchel completando un buen partido y un Hervías que siempre revoluciona los partidos, suyo fue el pase de gol a Plano. El conjunto blanquivioleta interpretó bien las dificultades levantinistas cuando no puede correr y la primera que le permitió, realmente, hacerlo, los valencianos hicieron pleno: gol. Muy difícil entender el balance defensivo, más sabiendo que a los granotas les encanta salir a la contra. Ni Nacho, ni Bruno fueron capaces de detener a De Frutos y Luis Pérez tampoco eligió bien y después se resbaló. ¿Resultado? el primer gol local. El segundo, el de Roger, fue más acierto del exdelantero blanquivioleta, aunque Bruno le deja demasiado espacio. Dos errores, dos goles. Porque Masip apenas tuvo que intervenir y no pudo hacer nada en los dos tantos.

Entre los detalles buenos hay que destacar la personalidad del equipo para buscar la portería de Aitor, debió marcar en la primera parte, y el compromiso para conseguir remontar el partido ante un equipo que todavía no ha perdido en su campo. El Real Valladolid supo reaccionar, entendió como poner en dificultades a su rival y lo llevó al extremo en un partido que si alguien mereció ganar fueron los pucelanos. El equipo tocó con criterio, utilizó los carriles laterales para llegar con peligro al área contraria, no se descompuso con el primer tanto y no pasó demasiadas dificultades atrás pese a los dos goles encajados.

Y ahora la Copa, otra vez contra el Levante. Y a mí sólo se me ocurre ponerme del lado de los futbolistas y decir que el mes de enero que les han preparado es inhumano, más teniendo en cuenta las circunstancias de este año con pocas vacaciones, una pretemporada más corta, las continuas restricciones y test, los casos de covid de compañeros... Y resulta que el Valladolid va a acabar el mes con ocho encuentros: cinco partidos de Liga y tres de Copa. Nadie piensa en los futbolistas y todo el mundo se lleva las manos a la cabeza por la cantidad de lesiones que está habiendo, 10 en el Valladolid actualmente. La Liga, los clubes, las teles y la Federación exprimen el negocio, pero no se dan cuenta de que forzando la máquina, comprimiendo el calendario, obligando a estos esfuerzos a los jugadores, a los equipos, tiran piedras contra su propio tejado. Hay más lesiones y obligan a tener que elegir. Varios equipos han tirado la Copa y el mismo Real Valladolid se verá obligado a jugar con varios chicos del Promesas, el martes, la oportunidad de meterse en cuartos desde hace muchos años. De alguna manera, aunque no lo crean, devalúan el producto.