La Cartuja como sede fija de la Selección

Tesoros. Pese a la pandemia, Andalucía ha enseñado esta semana sus maravillas al mundo en la Supercopa de España. Esas imágenes panorámicas de las noches mágicas de Málaga y Córdoba, que recordaban las estampas de viajes que muestran el Tour y la Vuelta durante los veranos, no son más que la prueba de que, pese a la que está cayendo, Andalucía lo intenta. Pese a no tener público en los campos, la comunidad sumará mil pernoctaciones gracias a la Supercopa, un pellizco de 300.000 euros. Moverse en estos tiempos de parálisis es un mérito. Estos meses, Andalucía ha organizado el playoff de ascenso a Segunda B, las Copas del Rey y la Reina de fútbol sala, de balonmano.

La Cartuja. Estaba a punto de convertirse en uno de esos tristes 'elefantes blancos'. José María Arrabal, secretario general de la Junta desde hace dos años, y también, por consensos políticos, presidente del Consejo de Administración del Estadio, movió ficha. Con audacia y su amplia experiencia en el mundo del deporte, que va de la NBA al Madrid pasando por personaje clave en la regeneración del Málaga de Fernando Sanz, Arrabal entendió que a un estadio que había acogido una decena de eventos deportivos de entidad en 20 años de historia había que revolucionarlo o cerrarlo. Y, contra todo pronóstico, se anticipó a un estadio cinco estrellas recién estrenado, el Metropolitano, y ganó la final de la Copa para Andalucía hasta 2023.

El sueño. Cuando llegaron los primeros rumores sobre la cancelación de la Supercopa en Arabia, Arrabal volvió a llamar a la puerta de Rubiales con un plan panandaluz que iría más allá de Sevilla. Córdoba, Málaga y Almería también serían sedes de las Supercopa masculina y femenina. La relación con la FEF se ha fortalecido y Rubiales tiene encima de la mesa la petición de volver a convertir a Sevilla en sede única de la Selección de fútbol. No es fácil, pero ese 6-0 a Alemania recordó a todos que Sevilla aún mantiene su condición de talismán. El sueño de la Junta es convertir La Cartuja en un nuevo Wembley. En estos tiempos, nunca está de más pensar en grande.

Detalle señor. Una de las imágenes de la Supercopa, por cierto, ha sido la de Messi remontando escalones y asientos para saludar a Luis Enrique. Los que, a cierta distancia, asistieron a la conversación, hablan de un comportamiento exquisito del argentino. No se habló de fútbol, sí de familia. Esa relación que un día fue tormentosa terminó siendo de un respeto absoluto.