Las Guerreras y los tejemanejes daneses

Los campeonatos internacionales de balonmano siempre ofrecen concesiones a los anfitriones, a quienes otorga incluso la capacidad de cambiar calendarios, la mayoría de las veces para ocupar el mejor horario para la audiencia televisiva. En el caso del Europeo femenino 2020, Dinamarca ha exprimido este privilegio hasta el extremo de adulterar la competición, con el beneplácito de la EHF, que con esta permisividad también paga el favor de que el país nórdico haya continuado con la organización del evento, cuando el otro país sede, Noruega, renunció a albergarlo bien avanzado noviembre. Dinamarca, que pasó como segunda de su grupo, tenía que haber comenzado este jueves su andadura por la segunda fase frente a España, pero ha preferido darse una jornada más de descanso para arrancar mañana frente a Suecia. Paralelamente, los dos líderes clasificados, Francia y Rusia, tendrán que competir en dos días consecutivos, en el segundo de ellos midiéndose entre sí. Sobra añadir que ambas selecciones son los principales obstáculos para que las danesas se metan en semifinales.

Estos tejemanejes influirán menos en el porvenir de las Guerreras, salvo en el hecho de que debutarán ante Francia, el mayor coco de esta Main Round, un equipo que, además, se le da especialmente mal a España. Tampoco importa demasiado. Al haber arrastrado un solo punto de su grupo inicial, y como Francia y Rusia han avanzado con cuatro, el margen de error se reduce prácticamente a la nada para la Selección, que debe plantearse un único objetivo si quiere luchar por las medallas: ganar los tres partidos. Hay otras combinaciones matemáticas, pero las cuentas más claras son esas. El rendimiento de la primera fase no fue bueno, se nota la falta de ritmo por la pandemia, pero la reacción contra la República Checa, ante la que estuvo virtualmente eliminada, insufla cierta esperanza.