La identidad perdida del Barça

La triste figura que lució el Barcelona alcanza mayor gravedad de lo que puede parecer. Ante un Atleti reconocible, el de siempre, de pierna fuerte y talante entusiasta, el equipo de Koeman se traicionó a sí mismo. Uno puede perder, pero debe hacerlo a su manera. Las precauciones que tomó el técnico holandés desnaturalizaron la idea de juego que siempre ha diferenciado al Barça. Apenas hubo rastro de la presión alta que parecía haber recuperado (nueve robos por falta cometida), apenas hubo matices tácticos propicios que permitieran asociaciones interiores. Nada de nada. El Barcelona chocó contra la estructura de Simeone, que utilizó tres centrales (Savic, Giménez y Mario Hermoso) para hormigonar el carril central con un bloque medio-bajo. 

Ante ese panorama no le quedaba otra al Barcelona que circular rápido de lado a lado para inutilizar las basculaciones del Atleti. Casi nunca lo hizo, preso de una posesión vacía y lenta, solo disparada por las intervenciones de Dembélé. El extremo fue la única nota de luz, abierto en la banda, en un duelo tan particular como precioso que tuvo con Carrasco. Pjanic y De Jong se escondieron en la construcción, Messi sigue en duda (23 pérdidas), Griezmann no estiró y a Pedri nunca le encontraron por dentro ante el campo de minas de Simeone. El trabajo soberbio de la medular rojiblanca dirigida por Koke y las anticipaciones de los centrales, sobrados en los duelos ante la indolencia y hasta apatía general del Barcelona, gestionaron con suficiencia cualquier amago ofensivo de su rival. El golpe del gol de Carrasco, consecuencia de errores individuales, envenenó todavía más el boicot que el Barça se hizo a sí mismo. Otra vez, como ante el Madrid o el Getafe, Koeman emborronó más el fútbol azulgrana al desocupar el centro del campo y reunir jugadores ofensivos sin ningún plan al que atenerse. Atacar por las bravas nunca ha sido la filosofía del Barça. Otro gesto de autotraición ante un Atleti con el viento a su favor y que siempre es el Atleti. La identidad nunca se puede perder.

La timidez de los pivotes

Pjanic y De Jong actúan a una altura similar y no asumen el liderazgo creativo del Barça. La única conducción reseñable del holandés fue esta que acaba en apertura a Jordi Alba. Nulo volumen de juego interior.