Jordi Llopart muere dos veces

Hay imágenes que se quedan grabadas. Jordi Llopart me trasporta al Estadio de Montjuïc. Pero no a su pista, sino a su grada. Por allí se movía con apuros, físicamente maltrecho, aquel pionero del atletismo, junto a otros dos centenares de medallistas olímpicos de diferentes generaciones que posaron para una histórica fotografía montada por AS para conmemorar el 25 aniversario de los Juegos de Barcelona y el 50 cumpleaños del periódico. Toni Tauler, plata en madison en Pekín 2008, ayudaba a bajar las escaleras a Llopart, plata en 50 km marcha en Moscú 1980. Sus medallas lucían el mismo color, pero simbolizaban tiempos diferentes. En la época del ciclista, España ya estaba acostumbrada a ganarlo todo. En la etapa del atleta, España vivía de la generación espontánea, de genios que brotaban en un desértico deporte. Llopart fue uno de ellos, igual que su coetáneo Josep Marín. Suyo fue el primer oro del atletismo español, en los Europeos de Praga 1978. Y suya fue la primera medalla olímpica, cuando por las calles aún se reían de ellos cuando les veían entrenar “por el contoneo" de las caderas.

Aquella tarde de la foto, el calendario marcaba el 13 de julio de 2017. Ya había trascendido la situación de miseria de Llopart, que llegó a vivir con un subsidio del paro de 426 euros. Luego se jubiló con una pensión de 746. “Fui una víctima más de la crisis económica”, contaba Jordi, que llamó “a todas las puertas, pero nada de nada, todos decían que no era el momento”. Y no porque no tuviera preparación: era diplomado en Enfermería y en Turismo, oficial de Artes Gráficas, entrenador nacional de atletismo, hablaba seis idiomas… Tuvo alguna ayuda, pocas, por ejemplo del COE y del CAR de Sant Cugat. Aquella fue la primera vez que murió Jordi Llopart, cuando un país olvida a sus pioneros, a los que construyeron su historia. Este miércoles volvió a morir. Al menos servirá para recordar cuán grandes fueron sus méritos.