Zidane y la soledad acompañada

Fue una mañana soleada de domingo. Zinedine Zidane estaba terminando su primera temporada como técnico del Castilla y me recibió para una entrevista para France Football. En aquella época, poca gente se interesaba de verdad por su nuevo oficio y le apetecía compartir sus reflexiones. Le pregunté: "¿Cuál es la gran diferencia entre ser futbolista y ser entrenador?". Me contestó algo que me impactó y que recuerdo a menudo cuando le veo ahora de pie, al borde del terreno de juego, dirigiendo un partido. Zizou me dijo con calma e, incluso, con cierta gravedad: "Ser entrenador es estar solo…". Y añadió: "Porque al final eres tú, y sólo tú quién debe tomar las decisiones y asumir toda la responsabilida".

Magnífica y dura conclusión la de mi compatriota que, desde entonces, ha tenido que pasar por esta soledad del día a día y por la gran y dolorosa soledad provocada por las amenazas de despido que han pesado varias veces sobre su cabeza. Sin embargo, en los últimos días, y en especial el pasado sábado en Barcelona, el míster francés del Real Madrid ha podido comprobar que su soledad estaba bien acompañada. Zidane no camina solo. Los jugadores están a muerte con él, hasta llegar al desmayo por agotamiento como fue el caso del inmenso Federico Valverde. No hay mejor apoyo, mejor salvavidas, mejor base para trabajar, mejor esperanza de futuro.