La Segunda del Espanyol y RdT: sangre, sudor… ¿y lágrimas?

Tras un engañoso debut contra el Albacete y una visita del Mallorca difícil de calibrar, por el parejo potencial del adversario, aterrizó el Espanyol en Segunda de la mano del Oviedo, un rival cien por cien de la categoría, en un Carlos Tartiere también con ese hechizo de la división de plata por mucho que sin público pierda galones. Su primer encuentro lejos del RCDE Stadium le bastó a los de Vicente Moreno para comprobar que para subir a Primera habrá que derramar sangre. Literal.

Planteó el partido el Oviedo, como sucederá con la mayoría de sus rivales, a que pasara lo menos posible. Y a cazar algún tesoro a la contra. Y lo consiguió durante cerca de una hora. Del gol solo le separó un Diego López imperial y un Wu Lei fallón, aunque de menos a más. Anular la salida de balón de Calero y de Fran Mérida será el pan de cada día de los oponentes de un Espanyol metido en el barro de la Segunda. La cuestión no es evitar ese barro, porque no podrá, sino encontrar fórmulas para salir airoso.

Y la encontró, cómo no, en Raúl de Tomás. Llevaba 12 partidos sin marcar, partía sorprendentemente desde el banquillo y, a priori, pensando más en una posible salida que en el destino de su equipo durante los últimos nueve meses. Pero desactivó la realidad de la categoría para activar otro hechizo, el de la irracionalidad del fútbol.

Sin meritocracia, apenas incluso sin esfuerzo, en apenas diez minutos sobre el césped había anotado RdT dos goles e incluso le había dado tiempo para que le partieran una ceja. Aunque se vaya, nunca se podrá decir que no habrá derramado sangre y sudor por el Espanyol. Lo de las lágrimas ya se verá.