La última asistencia de Suárez

Reconozcamos que no fue el final deseado pero vistas las circunstancias fue el mejor final posible. Sigue quedando, como si hablásemos de una novela de Agatha Christie, conocer el nombre del autor del crimen. Suárez dio indicios de que la responsabilidad es de Ronald Koeman, pero dio la sensación de callar más de lo que sabía porque si Koeman apretó el gatillo, los autores intelectuales del despido fueron otros a los que tenía muy cerca en el acto (claramente insuficiente para un jugador de su calado, pero el Auditori estaba ocupado con fines electorales) y a los que no puede señalar porque son con los que ha pactado su finiquito.

La paradoja en la que se ha convertido el fútbol moderno la resumió Suárez: "Hay que respetar cuando te dicen que no cuentan contigo y cuando el jugador te dice que se quiere ir". Fue su última asistencia a Messi. Al final, el tiempo borrará estas cuestiones de decorado. Quedará la leyenda de un tipo que se partió la cara por el Barça, que llegó y se fue llorando y al que se le echa de menos desde hoy. Su hoja de servicios no está al alcance de cualquiera.