El tiempo de Gerard Moreno y el jerarca Renato Tapia

El atacante total

A los ojos del público, España anda falta de delanteros. Retirados ya hace tiempo Villa y Torres, ningún 'nueve' ha sido capaz de asentarse. Quizá no se miraba al lugar adecuado. Ha costado reparar en Gerard Moreno (28 años), cuya crecida resulta imparable, estimada también por Luis Enrique. El futbolista del Villarreal es un catálogo en sí mismo de recursos y alternativas en todos los aspectos. Se mueve como pocos, entiende el juego, mejora al compañero y acciona con claridad el remate. Su actuación ante el Eibar fue ejemplar. Con la línea adelantada de los de Mendilibar —posición media de 54,1 metros—, estiró a la zaga abriéndose a la derecha, jugando como un '10' en muchos momentos y atacando el área desde atrás. Aunque tuvo un inicio novedoso por lo errático, lo que disparó sus pérdidas (25), la maniobra del gol, la asistencia a Alcácer y las otras tres ocasiones creadas precisan su importancia. A Emery le conviene Gerard Moreno como ningún otro jugador, a España también.

Llegar y mandar

La mezcla hace la fuerza. Se necesita tanto el ingenio como el cemento. Si Iago Aspas guardó para sí los focos del triunfo ante el Valencia, Renato Tapia (25 años) sobresalió como un medio centro de corte tradicional. Su llegada al Celta le ha delineado como un artista defensivo, con oficio y una lectura de la posición envidiable. Las ayudas a los centrales, las coberturas a Hugo Mallo en el lateral y la producción en el quite (ocho recuperaciones y cuatro anticipaciones) pueden elevar a imprescindible la condición del peruano. Cada decisión, también en fase de posesión, con una fortaleza para proteger el balón y un rango de pase interesante —sólo erró una entrega —, fue correcta. Por fácil que parezca, no lo es.

Renato Tapia vigila a Kangin (AFP).

El control vacío

La volatilidad es otra característica innegable del fútbol. El duelo de ascendidos acabó con victoria gaditana, una costumbre en Segunda que estaba en duda por la conducta de ambos en la jornada inaugural. El Huesca había agradado y el Cádiz había pagado el peaje del que llega nuevo. Los papeles se intercambiaron porque el contexto refirió a sus duelos previos en otra categoría. El Cádiz se aprovechó de un error flagrante de Andrés, protegió con esmero al debutante Cifuentes (41 años) y puso la puntilla con un Pombo imponente toda la tarde. El Huesca tuvo el balón, pero nada más. Se quedó con el dudoso récord de ser el equipo con más posesión de balón (71%) en la Liga sin rematar una sola vez a potería desde la 2005-06.

El hábito de Diego Martínez

La revolución del Granada no se detiene. La extraordinaria madurez competitiva que demuestra le permite disfrutar del liderato de forma pasajera. El mérito es de todos, pero se articula en particular a través de la figura de Diego Martínez. El entrenador encuentra soluciones para todo. La exposición europea no influyó en la hoja de ruta contra el Alavés porque siempre supo qué hacer. De primeras asaltó el sistema de carrileros rival con Puertas y Machís en las bandas, que se colocaban a la espalda de Luis Rioja y Edgar para sacar a los centrales de su zona de confort. Cuando Pablo Machín reajustó el dibujo (1-4-4-2) en el descanso y el Alavés logró igualar el encuentro, Diego Martínez ordenó buscar a Rubén Duarte, que se revelaba como la pieza visitante más débil. Su equipo empujó por la derecha —50,7% de sus ataques— y Machís atornilló la victoria. Seguro que este Granada tiene límites, pero por ahora no se adivinan.