Sólo Kike encendió la luz en el mal partido del Villamarín

El Real Valladolid 2020-21 pegó su primer petardazo en el Villamarín. Mala noticia y buena a la vez porque todavía hay tiempo, en todos los sentidos, para remediarlo. Sería injusto no decir que el partido se ve condicionado por un penalti de los que explican los árbitros que no hay que pitar, pero tampoco hubo reacción alguna. El equipo fue torpe, cobarde y muy inferior a un rival que en esta primera parte jugó un rondo y que no quiso hacer más daño que el 2-0. Algunos jugadores quedaron señalados y no hace falta dar los nombres. Los cambios del míster en el descanso indica dónde está el origen de algunos, sólo algunos, de los problemas de este equipo. Haber mareado la perdiz todo el verano con el trio Roque Mesa, Grenier, Darder para que Míchel siga siendo titular es tan inverosímil como pensar que Guardiola puede hacer goles si no le llega un balón en condiciones en todo el partido. 

La luz apareció en la segunda parte con la entrada de Kike Pérez, Weissman y Hervías. Los dos primeros le dieron otro aire al equipo, el tercero no termina de encontrarse. El triple cambio fue la excusa perfecta para volver a un 4-4-2 en el que Orellana pasaba al extremo zurdo. Kike hizo unos minutos extraordinarios, no sólo en defensa, sino a la hora de sacar a sus compañeros en busca de la portería de un inédito hasta entonces Bravo. El israelí también mejoró las prestaciones de sus compañeros, ofreciéndose y buscándose el sitio dentro del área, pero sin fortuna. Si el descanso fue el inicio de la mejor versión, sin alardes, de los pucelanos, la pausa de agua fue el final y el partido fue muriendo sin que los vallisoletanos pusieran en verdaderos problemas a los béticos.

Y ahora, ¿qué? Pues toca revisar la horrenda primera parte y sacar conclusiones. Y una de ellas debería ser que Kike ha demostrado ya que puede tirar del equipo en el centro del campo y que, a pesar de ello, hace falta otro mediocentro creador en la plantilla. También hay que valorar que hay jugadores que, objetivamente, no están en su mejor momento y deberían dejar paso a otros compañeros. Da la sensación que la adaptación de Weissman va viento en popa y quizás debería ser titular, lo que obliga a recolocar a Orellana, quien debe ser la piedra filosofal del nuevo proyecto. Y sería bueno revisar las cargas de trabajo. Las lesiones producidas tras esta pretemporada tan atípica obligan a esmerarse más y a usar todos los recursos, incluidos los programas de prevención de lesiones con los que cuenta el club.

La derrota en Sevilla era una opción, pero preocupan las sensaciones y el calendario con Celta y Real Madrid en el horizonte. Faltan dos semanas de mercado, en el que tienen que salir muchos jugadores como condición para que entren otros por el famoso límite de gasto. Esta semana debe ser clave. Tranquilidad, pero sin perder la tensión.