El Atleti, a tres partidos del título soñado

Decía ayer Cerezo en una bonita entrevista en As que el fútbol le debe una Copa de Europa al Atleti. Eso lo pensamos todos, visto lo que le pasó en Bruselas ante el Bayern (1974), y más recientemente ante el Madrid, en Lisboa (2014) y en Milán (2016). Sí, el fútbol le debe eso al Atlético, pero, ¿está en su conciencia devolvérselo? Seguro que no. El fútbol es ciego, no repara, no tiene piedad, es como la Historia, que pasa y se va sin mirar atrás, sin reparar en justicias o injusticias. Eso sí: como la Historia, cada equis tiempo ofrece revancha. El devenir de los siglos nos muestra infinidad de pueblos que vencieron un pasado infeliz.

Ahora que el Atleti va a Lisboa es buen momento para pensar en ello. Va allí muy a su manera, venciendo dificultades insólitas. Ha tenido que batir dos veces al campeón previo, el Liverpool, y se ha escapado por la gatera, dejándose en ella solo un par de pelos llamados Vrsaljko y Correa, del coronavirus. Y ahí está, dispuesto a enfrentarse al Leipzig, nuevo en estas lides. La ciudad de Bach, Wagner y Mendelssohn ha construido un buen equipo de fútbol que viene a cruzarse ahora de manera impertinente en la persecución del Atleti de ese Santo Grial que los traviesos diablos del fútbol le esconden siempre detrás de raros vericuetos.

Quizás si Gárate hubiera perseguido a Schwarzenbeck... Quizás si en Lisboa la prórroga no hubiera sido tan larga... Quizás si el linier de Milán hubiera visto el off-side de Ramos... si Simeone hubiera sido más valiente cuando el Madrid estaba hundido... si Juanfran... Todo está en el viejo bolero: "Siempre que te pregunto que cuándo, cómo y dónde, tú siempre me respondes quizás, quizás, quizás...". No, el fútbol es impío, no siente que le deba nada al Atleti. El Atleti tendrá que ir a arrancarle esa copa por las bravas, como si fuese la primera vez, olvidando su leyenda de malditismo. Ganar, ganar y ganar, como dijo Luis Aragonés. Hoy, el 18 y el 23.