Se fue CR7 y Bale se evaporó...

En Kiev, Bale se rebeló contra su suplencia agarrando las dos asas de la 13ª con dos goles al Liverpool. El primero, para enmarcar. La mejor chilena de la historia de las de las finales de la Copa de Europa. Con la Orejona conquistada, Cristiano acaparó todos los focos al hablar en clave de despedida, amargando la fiesta a casi todos los madridistas, que lógicamente adorábamos al portugués por todo lo que nos dio durante nueve años inolvidables. Pero Bale, como quien no quiere la cosa, también soltó su rajadita reivindicativa, explicando que su agente iba a sentar las bases en verano para que su situación cambiase radicalmente. Quería ser el nuevo number one.

La traumática marcha de Cristiano a Turín se lo puso en bandeja al galés. Gareth pasaba a ser el mejor jugador de la plantilla por jerarquía (era el nuevo gran referente en ataque) y por sueldo (14,5 millones netos). Pero en vez de dar un paso adelante, dio tres pasos atrás. Fueron Ramos, Casemiro, Modric y Benzema los que entendieron que llegaba la hora de dar el callo ante la ausencia del héroe de los 450 goles (¡50 por temporada!). Bale se fue escondiendo en su timidez (idiomática y gestual), siguió en su mundo virtual rodeado de palos de golf y se fue alejando del fútbol. Ahora bromea con la mascarilla y los catalejos. Ya ni me acuerdo de su último gol. Eso es lo más triste...