Primero, el Nápoles

El peligro es empezar a pensar otra vez en lo que no se ha logrado. Pensar en un cruce con el Madrid, con Guardiola, o con la Juve de Cristiano y Pjanic sería un error descomunal tal y como está el Barcelona ahora mismo. En lo que hay que poner los cinco sentidos es en el partido de vuelta contra el Nápoles.

Nada más conocerse el sorteo que marcaba el camino a la final empecé a escuchar especulaciones y teorías sobre cómo podría afectar el descanso al Bayern, y diversos castillos en el aire respecto a que en un partido puede pasar cualquier cosa. Y eso es lo peor que puede hacerse porque la tarea de Nápoles no está cerrada ni mucho menos y sería un error gigantesco menospreciar al equipo de Gattusso.

Para eliminar al Nápoles habrá que sudar tinta china. El tanto de Griezmann en San Paolo queda muy lejos, pero es el más importante que ha marcado el francés en su primera temporada como blaugrana.

A ese gol se aferra un Barça que debe de aplicar la filosofía de Simeone en esta competición que le ha deparado un camino complicadísimo de cara a la final. Pero la verdadera final es la del Camp Nou contra los italianos. Sólo a partir de entonces se puede empezar a elaborar teorías pensando en un Bayern que lo tiene hecho ante el Chelsea por el 0-3 de la ida. Es cierto que el modelo extraordinario de competición favorece las sorpresas, pero antes de llegar a la vorágine de Lisboa, la Champions se jugará con ese sistema de siempre en el que los partidos de vuelta tanto han penalizado al Barcelona, que desde Roma y Liverpool ha cometido el enorme error de pensar más en el partido de la siguiente ronda que en el que tenía frente a la nariz. El error no puede repetirse. Por lo menos, parece asumido desde todos los ámbitos, con Messi a la cabeza, que este Barça no es el favorito al triunfo final. Eso está bien, pero habría que recordar que creerse favorito ante el Nápoles es empezar a perder el partido. Primero, Napoles, luego ya se verá.