El 'déjà vu' del Madrid

Como en LaLiga que ganó hace tres temporadas el Madrid ha encontrado en el balón parado su asidero particular. En su visita al Valladolid nunca tuvo un ápice de claridad, más dispuesto a crear a través de la presión adelantada que con una idea diferenciadora en fase de posesión, pero en cada acción de estrategia mostró una superioridad evidente que le encaminó hacia el triunfo. Con el pie derecho de Kroos como seguro de vida, Casemiro avisó y Nacho le evitó un tropiezo que no se debía permitir. Cuenta ya en la competición hasta siete goles de este tipo—tres de saque de esquina y cuatro de jugada ensayada— que le elevan hasta un liderato que por juego todavía no es tan firme.

La falta de profundidad que padece en muchos encuentros volvió a confundirle en Pucela. Se vio sorprendido por el buen trabajo defensivo del Valladolid de los cuatro centrocampistas, muy prieto entre líneas y con capacidad para combinar momentos de empuje alto con otros en un bloque medio. El Madrid dejó el primer tiempo sin un remate a la portería de Masip. Su letargo no fue tal tras el descanso. Desde el compromiso y la segunda jugada, con el Valladolid cada vez más hundido, tiró de intensidad, equilibrio y oficio para girar el partido hacia su lado. Es la cara de la solvencia de un equipo con aire autoritario en defensa y con recursos aún esporádicos en ataque que ya marcha primero en LaLiga. Noches como estas son sinónimos de éxitos a medio plazo. El arma del balón parado le echó un capote como ya ha hecho tantas veces esta temporada. Un déjà vu ganador.

La marca inexistente

El Valladolid se protege con una defensa mixta, pero tras el primer despeje pierde las vigilancias. Nacho había entrado desde atrás y nadie le marca con atención. Se mete por detrás de Sergi Guardiola y Óscar Plano no llega a tiempo después.