A Setién ya sólo le queda una salida

Dos semanas después de su llegada, y después de ganar de pena al Granada, rozar el ridículo en Ibiza y arrastrarse en Valencia, ya se puede decir abiertamente que Quique Setién ha empeorado al Barça. No sólo no le ha dado un empujón moral y de fútbol y al equipo. Lo ha descolocado con un sistema anacrónico y aburridísimo que convierte las primeras partes en una siesta interminable. Los jugadores del Barça, acostumbrados a unos automatismos claros, cómodos y habituales en jugadores de más de 30 años con ciertos vicios, no saben ni dónde están. Eso, además de una tremenda falta de corazón y carácter en los jugadores y de falta de coraje del entrenador. Si alguien quería ver en Valverde un técnico con poco carisma porque no se ponía a dar saltos como un hooligan, no debió ponerse demasiado contento viendo a Setién escondido en el banquillo después del 2-0 de Maxi Gómez.

Dos semanas después de su llegada, a Setién ya sólo le queda una salida. Ponerse en manos de los jugadores. De los veteranos ganadores del viejo Barça que sólo pueden jugar ya acorde a unos criterios que Valverde había respetado y que son lo único fiable que le queda a este equipo en principio de demolición. A un ritmo que Valverde había respetado y que había permitido que el Barça no sólo ganase, sino que arrasase en las dos últimas Ligas, además de ganar una Copa y de llegar a una final y sólo verse superado cuando el físico ya no daba para más en Anfield. Cruyffismo no es aburrir, cruyffismo no es jugar sin extremos. Cruyffismo era exactamente lo contrario de este inicio de Setién, al que sólo le queda ponerse en manos de los jugadores. En diez días ya está en un callejón sin salida. De la planificación (el Barça no tenía ni un delantero en el banquillo) hablaremos otro día.