Napoleón y el secretismo del entrenador

Un día Alfredo Di Stéfano (que siempre me recordaba que su abuelo materno era francés) me contó que llamaba 'Napoleón' a Raymond Kopa cuando compartían vestuario. Así que no es nada absurdo usar la figura de este general de la República francesa, que se convirtió en emperador y hombre más fuerte de Europa, para una columna de opinión sobre el Madrid. Se le puede reprochar muchas cosas a Napoleón pero nadie debe ocultar que era, ante todo, un impresionante estratega. Uno de los más grandes de la historia cuyos métodos todavía se estudian en las academias militares de todo el mundo. Fue uno de los primeros en vigilar y usar la información (lo que se califica como 'inteligencia') para preparar sus batallas y hay que reconocer que Zidane cree en una filosofía similar.

Ayer en conferencia de Prensa, después de que el técnico esquivase con gracia una brillante reflexión de un compañero sobre si el resultado del Barça en San Sebastián iba a cambiar su once para Mestalla, le pregunté a mi compatriota por qué no daba nunca ni una sola pista sobre sus planes. Y Zizou me contestó que cualquier cosa que saliera de su boca podría ofrecer una ventaja a su rival. El míster lo controla todo porque piensa que cualquier detalle puede tener su importancia en el destino de un partido. Me parece acertado aunque tengamos que escuchar siempre: "Eso lo verás mañana".