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Zidane tendrá que consultar con Shakespeare

No hay descanso para Casemiro, que nos lleva a una paradoja poco frecuente: cuánto más juega, mejor rinde. Su cuerpo resiste el calendario y la ausencia de sustitutos en su puesto, mientras su figura se agiganta en un el Real Madrid, donde ingresó sin hacer ruido, casi anónimo, para convertirse en un futbolista esencial.

En Brujas fue uno de los dos mejores del equipo. Modric, fue el otro. Se bastaron para gobernar un partido que nació incómodo (al Brujas le gusta correr y le creó bastantes problemas a un Madrid sin tensión en los primeros minutos) y terminó como se esperaba, con goles de los más jóvenes. Rodrygo marcó un gol de bandera y Vinicius anotó uno menos brillante, pero pedagógico. Le convendría tomar nota de su gol, un remate suave, sutil, natural. Vinicius piensa demasiado cuando remata, defecto que quizá remita si se libera. Por ahora, Vinicius llama al gol. Le irá mejor cuando el gol le llame. Significará que habrá elegido bien.

Se podía pensar en una alineación sin Casemiro en Bélgica. Se le acumulan los minutos en la Liga y en la selección brasileña. Sin embargo, Zidane transmite la sensación de infinita confianza en su centrocampista. Casemiro se la devuelve en cada partido. Es el jugador que más balones intercepta en la Liga española, dato todavía más relevante por las características del Madrid, que no es una máquina defensiva.

Modric y Rodrygo se abrazan con Casemiro para festejar el tercer gol del Madrid en Brujas, obra de Luka.

Es tan visible su capacidad defensiva que se olvida su contribución en la elaboración del juego. Aunque se le califica de básico en este aspecto, Casemiro rara vez estropea una jugada. Conoce su techo como distribuidor y deja la creatividad para Modric o Kroos, dos pasadores de época. Casemiro coloca la pelota en los pies adecuados, generalmente cercanos, pero se guarda en la manga sus excelentes desplazamientos largos y un buen olfato para atacar el área. Casi siempre es el mediocampista que marca más goles en el Real Madrid.

La confianza de Zidane en la eficaz seriedad de Casemiro volverá a medirse en los dos próximos partidos, frente al creciente Valencia en Mestalla y contra el Barça en el Camp Nou. El dilema del técnico, si es que lo tiene, es de orden administrativo. Casemiro está a una tarjeta de cumplir el ciclo que le impediría jugar el Clásico. Sería menos problema si hubiera un recambio competente. Es cierto que Kroos, Modric y Valverde pueden ocupar circunstancialmente la posición de medio centro, pero hace tiempo que nadie discute el puesto a Casemiro y los tres han terminado por actuar en otros lugares.

El brasileño es un jugador inteligente. Sabe muy bien cómo cuidarse de estas situaciones. Cuatro tarjetas en 15 partidos son pocas para el tipo de trabajo que hace en el campo. Su participación contra el Brujas se interpretó en algunos sectores como su último destino antes del partido con el Barça. Implicaría el descanso en Mestalla. Es una tesis que olvida la trascendencia del duelo con el Valencia, la clase de encuentro que el fútbol español marca en rojo cada temporada. No es el Clásico, pero es un clásico.

El Madrid jugará en Mestalla un día después del Barça en Anoeta, escenario frecuente de debacles azulgranas. Zidane dispondrá de unas buenas horas para examinar el resultado del Barça y tomar decisiones en Valencia, en concreto con Casemiro. Seguro que al técnico le pide el cuerpo que el brasileño continúe entre los titulares. Zidane duerme más tranquilo con Casemiro en el campo, y el madridismo también. Esta vez las circunstancias le obligan a una decisión incómoda. ¿Jugará el infatigable Casemiro, o no jugará? Tal y como están las cosas, Zidane tendrá que consultar con Shakespeare.