Modric: especie en extinción

Seguramente ya no le aguante el físico al croata para jugar 60 partidos al año, ni puñetera falta que hace. Se trata de disfrutar de todas los minutos que le queden como futbolista porque es una delicia verle jugar. No es fácil en el fútbol actual que un crack sea en el campo tan humilde y honrado,anteponiendo siempre el bien colectivo a todo lo demás.

En una época de futbolistas estridentes y con demasiado ego,el croata ofrece en cada partido un clínic de entendimiento del juego y de comportamiento sobre el césped. Nunca le sobra un gesto ni le falta una ayuda a un compañero. La ley natural del paso del tiempo le obligará a rotar cada vez más a menudo, pero en los partidos grandes de verdad cuesta imaginar,de momento, un Madrid sin Modric. Zidane lo cuida como oro en paño porque sabe que los éxitos de este equipo dependerán, en gran medida, de que Luka rinda bien en los choques que decidirán los títulos.