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El final de la omertà

Los 9 de diciembre, pese a los resoplidos que escucho, serán conocidos a partir de hoy como el día nacional contra los amaños. Independientemente de la sentencia conocida este lunes en Valencia, recurrible y para la que caben todo tipo de opiniones y una sola realidad, la dictada por el tribunal, la sensación general es que se ha acabado con la manga ancha. Tarde pero a tiempo. Hace nada era impensable investigar y condenar. Los aspirantes a tramposos ya saben desde ahora que se les vigila como nunca, que se han creado canales y departamentos para luchar contra una lacra hasta hace nada poco perseguida y, sobre todo, que el Código Penal tiene para ellos penas económicas, inhabilitaciones y condenas de cárcel por si se atreven a infringir las reglas. Los castigos conocidos por el Levante-Zaragoza son los que son, pero la foto del pasado 3 de septiembre, con 36 futbolistas, varios directivos y un club en el banquillo por el primer macrojuicio por amaños, eso sí que fue realmente impactante. Tanto, que esta vez la mayoría de afectados enviaron a sus letrados a recoger la sentencia.

Hoy hay que poner el cuentakilómetros a cero. Pero sin olvidar el pasado. Todos, en mayor o menor parte, hemos sido culpables de los años en los que ha habido demasiado silencio y se ha mirado hacia otra parte. Villar, como patrón del fútbol durante 28 años, lideró esa desgana general por formar, concienciar, vigilar, avisar y condenar lo que todo el mundo intuía que pasaba. Afortunadamente en la Federación ya hay gente que se ha sumado al modelo de tolerancia cero que LaLiga instauró hace años para hacer y no sólo decir. Todos los futbolistas, entrenadores, directivos, incluso periodistas y seguramente aficionados antes o después hemos conocido ejemplos poco edificantes de lo que se decía en un vestuario, de lo que se disfrazaba en un viaje como un pacto de caballeros o de lo que se estaba perpetrando en un terreno de juego a cuenta de las malditas primas que nos parecían tan graciosas. En muchos casos jamás se dijo nada porque es muy difícil demostrarlo. El problema es que ni siquiera se hizo ruido para remover conciencias y boicotear planes. Y no hay excusas: tampoco hay pruebas fidedignas cuando un presidente no quiere a un entrenador o cuando hay una pelea entre dos jugadores en la ducha. Y, sin embargo, se desliza públicamente con detalles.

Algo está cambiando y con eso es con lo que hemos de quedarnos. Todavía hay mucho por hacer, pero se ha avanzado lo inimaginable. Basta, como ejemplo, analizar el nuevo reparto de los ingresos televisivos, cuyos pluses por puesto final en la clasificación han hecho que las primas a terceros vayan desapareciendo del vocabulario. Como jugador he visto cómo se apañaban resultados entre equipos para pasar a semifinales… ¡en el maratón popular de un pueblo! Y nos reíamos. Era lo normal. Como cronista de varios equipos profesionales también era habitual recibir algún mensaje de jugadores en activo, medio broma medio en serio, para recordar antes del encuentro que le convendría una buena puntuación a Stuani y no exagerar con Bakambu, para destacar así en el ranking casero en el que se jugaba los cuartos con los colegas. No se hacía con maldad. Simplemente era una costumbre. Estos ejemplos son dos simples anécdotas que muchos hemos vivido, pero también son dos hechos reveladores de cómo funcionábamos. Ahora, afortunadamente, es algo que ya no veo ni tampoco sufro. Buena noticia para todos. Para los que creemos que se están dando importantes pasos (la obsesión ahora sin las apuestas) y para los que piensan que todo sigue igual. A esos, a los que aún les cuesta creer que la lucha contra el fraude tiene efecto, ven lo de hoy, la Operación Oikos y otras corruptelas más como el resultado de que estamos peor que nunca. Y es justo al revés. Salen noticias porque por fin hay persecución. Para una cosa en la que LaLiga y la RFEF están de acuerdo y se han puesto manos a la obra, no la fastidiemos.